domingo, febrero 09, 2020

LA IMAGEN ES UNA MELANCOLÍA


 Yaneth Rivas lleva años produciendo gráfica con los medios más diversos: estenciles, graffitis, murales, fotografías, collages... Sus imágenes tienen la dureza y el humor de la ciudad contemporánea, ésa que permite y a la vez castiga toda expresión de libertad en sus muros. En estos días presenta The Lovers, una exhibición de gráfica poderosa que estará abierta hasta el próximo 22 de febrero, en el Bar VYB, que queda en Vallfogona 23, Gracia, Barcelona.

 Tu trabajo tiene una impronta contemporánea: es movedizo y difícil de definir; se mueve entre el graffiti, el muralismo y la gráfica. ¿Cómo defines tu trabajo? ¿Cuál es la idea que está detrás de la creación de esas imágenes tan divertidas y elocuentes?
 El peligro de las definiciones es que nos marcan un trazo que puede ser barrera. En todo caso caso, voy recomponiendo universos inexactos, situaciones cotidianas. Allí donde el deseo ha fracasado, donde se perdió Ulises, donde la vida es indescifrable, en la chispa de ese crash, nace mi trabajo. Sin duda, es difícil de definir y ese vacío se me hace un norte. Técnicamente hablando me muevo por todos los conocimientos que he adquirido y, más aun, repetido por horas y horas en mi vida. Pintar murales es caminar por el orgasmo. Más cercano al concepto de la pequeña muerte francesa, pintar gigante tiene el poder del mundo para mí. Asimismo, la gráfica es un placer rebosante. Ambos alimentan mi deseo de saber y hacer más.

¿Cómo concibes la gráfica? Me refiero al proceso. ¿Concibes las imágenes dentro de ti y luego las estilizas materiales en mano o al revés?
 El proceso siempre está en modo ON. La vida, el paisaje, los mecanismos de reproducción de la imagen... Y las escenas que no son imagen... Es decir: encuentro una potencia inmensa en el detonante de la música o en la poesía. Todas estas musas me atiborran de imágenes que permanecen en mí; entonces conviven entren ellas y, de pronto, en un momento de quiebre o inspiración, en ese espacio donde se agotan las palabras, hacen match. Una vez que esa imagen está construida, trae consigo todo tipo de detalles que no dejan espacio alguno para la improvisación. Comienza otra batalla para sacarla de mí y darle cuerpo para que forme parte del mundo. El proceso de la gráfica se parece mucho al vaivén del mar. Cada ola parece igual, pero basta sentir un poco para notar la unicidad de cada segundo.

 ¿Crees en los límites? ¿Te pones límites conceptuales o técnicos a la hora de crear imágenes?
 Los limites son una batalla continua que afrontamos todos los seres humanos de todos los tiempos y desde todos los puntos de vista. Son un oráculo por comprender. Es súper complejo el equilibrio entre los límites y las limitaciones. Los límites que no sabemos colocarnos, nos los coloca la vida a coñazos... Y los que no sabemos quitarnos también. No existen límites conceptuales; es decir: se llega hasta donde llegan el pensamiento y el fulgor. Técnicamente sólo puedes sobrepasar los límites después de conocer perfectamente las limitaciones de esa técnica. La disciplina es el límite supremo.

 ¿Cuál es tu idea del arte urbano? ¿Es posible encontrar diferencias técnicas y conceptuales en cada ciudad o en cada región del mundo?
 El arte urbano no existe en un sentido purista; se trata de riesgo. Cada ciudad tiene su clima, sus sabores, sonidos, olores y colores también. Consideremos que lo que se intenta definir como arte urbano es la expresión de la localidad en un sentido más vivencial. Todo el tejido social, cultural y jurídico entre muchos otros factores tácitos y metafóricos, resultan diferentes en cada ciudad. Parte del éxito de Ciudad de México, una de las mecas de la pintura mural, está en su funcionamiento. La gente sólo le pregunta al dueño de la casa y siempre llegan a un acuerdo concreto. En CDMX se consiguen más marcas de aerosol locales que en ninguna otra ciudad del primer mundo. En París te pilla dos veces la policía y es como si cometieras un homicidio. Hay que tener valor para ser disidente en esa ciudad. Y así, en cada calle, hay un sabor distinto. En Caracas era completamente diferente lo que había de un lado a otro de la ciudad... Pero luego Caracas se convirtió en un infierno para pintar, porque todo está ultra controlado por las mafias jalabolas del estado. De mis últimos muros exteriores en Caracas (ahí pinté una patrulla de la GNB en llamas) y los mismos adolescentes malandros de las cuadrillas del Ministerio de Cultura lo taparon con rodillos antes que lo terminara. Barcelona está bastante regulada, pero no se deja de producir. Por eso suceden muchas cosas interesantes en pequeños formatos, más rápidos, menos exigentes, como amantes más sutiles.

 La gráfica es una representación de la conciencia colectiva de una ciudad. ¿Estás de acuerdo con esa idea?
 La representación de la realidad y la realidad misma intervienen en la construcción del imaginario colectivo. La vida real corresponde al mismo universo material de la representación. El mundo se define en la imagen, y la imagen define al mundo, en una perenne vorágine de gloria y frustración.

 ¿Cómo lidias con la idea de la cantidad de gráfica que se produce en el mundo? ¿Crees que no hay suficiente y que hay que añadirle más o crees que debemos ser más cuidadosos con las imágenes que producimos?
 Lo que me angustia de ese proceso es notar que todo es imagen, que hay imágenes en todas partes, que todo está ordenado y tipificado desde la imagen y no desde el cuerpo. Creo que la imagen es una melancolía.