domingo, septiembre 08, 2019

UN CLÁSICO RARO

 Terminé La conciencia de Zeno, de Ítalo Svevo. 

 Con esta novela me ocurre algo muy extraño: me cuesta definir dónde radica el interés que suscita. Podría decirse que cuenta la historia de un caballero normal y corriente, torpe, lelo y raro en muchas de sus maneras, pero ¿cuántas novelas protagonizadas por un personaje así conocemos? Muchas, ¿verdad? Hemos leído cientos de novelas en las que se narran las peripecias de uno de estos individuos particulares y acontecidos, pero en ésta que comentamos, esas singularidades se nos presentan con un esmero que nos desconcierta. Por ejemplo: Zeno se siente atraído por Ada, trata de colocar un pie junto al de ella, pero en realidad lo pone junto a la pata de una mesa. Zeno va a declararle su amor a Ada, pero, por equivocación, le declara su amor a Alberta, una de las hermanas de Ada, y luego termina casándose con Augusta, la hermana bizca de Ada. Zeno tiene una amante y cuando está con ella, se enamora más de su esposa. Podría mostrar otras pinceladas del extraño absurdo que brota de estas páginas, sin embargo, las que he apuntado bastan para representar no sólo el carácter del protagonista, sino uno de los motivos principales de esta obra. Si las novelas representan la lucha del individuo contra sus propias debilidades, ésta de Svevo representa la lucha del individuo del siglo XX y, si bien las debilidades humanas son siempre las mismas, lo que es nuevo es la forma de representarlas. En el caso que comentamos, el texto no es otra cosa que el material que Zeno Cosini le entrega a su psicoanalista, así todo aquello que nos parece obsesión, repetición, deseo, error y espasmo forma parte de un posible método para descubrir la debilidad, entenderla y curarla.

 Ah, pero Zeno no quiere curarse. En algún momento se nos dice que la tal enfermedad es su adicción al cigarrillo, en otro se nos insiste en un dolor crónico de cintura o en una cojera crónica cuyas causas son imaginarias, todos males inocuos que no son más que variantes de su propia debilidad y de los que Zeno se niega a desprenderse porque representan la única afirmación posible de su propia individualidad en ese mundo de comerciantes y gente pragmática en que vive.

 Hacia el final del libro, Zeno Cosini nos avisa que su relato no está libre de «impurezas», que él lo ha contaminado con pequeñas variaciones, que aquello que cuenta no ocurrió tal cual, que llenó de ficción una historia que debía ser fiel a algunos hechos de su vida. He ahí una de las llaves de este libro. Su personaje principal es un escritor que se utiliza a sí mismo como objeto de observación y como protagonista de la trama en la que trabaja. Es así como cobran sentido las contradicciones y las neurosis que hacen cómico al personaje, pero poco a poco, y mientras asistimos a su propia evolución, nos vamos dando cuenta de que, más allá de sus manías, Zeno Cosini es capaz de mostrarse hábil y seguro en las circunstancias más delicadas, como cuando recuperó la mitad de los bienes que su cuñado Guido Speier perdió en la Bolsa de Valores.

 De este libro impresiona más el nivel de detalle que alcanza el retrato de un tipo de personalidad que la condición metaliteraria del texto. Sí. La conciencia de Zeno es una novela que trata sobre la escritura de una novela, pero también es una disección increíblemente minuciosa del deseo, de la acuciante necesidad de romper los límites, de ir más allá a pesar de las propias limitaciones y de abrirse un espacio de libertad en este mundo siempre cuadriculado que cohíbe, acota y encierra. 

 Y que quede claro que esa retícula es la enfermedad, el mal del que quiere curarse Zeno Cosini y del que queremos curarnos algunos, tal vez muy pocos, de nosotros.