miércoles, junio 06, 2018

ARTÍCULOS PERVERSOS

 ¿Por qué en Venezuela hay supermercados repletos de productos, si en todas partes se habla de que hay escasez de alimentos? Dada la hiperinflación, no hay cómo renovar inventarios sin asumir pérdidas cada vez mayores. Casi todas las tiendas, casi todos los supermercados y abastos, no pueden asumir esos costos y entonces no adquieren mercancía ni materia prima o la adquieren a una velocidad mucho menor a la normal. Hay locales que abren sus puertas y apenas tienen algo que vender. También hay negocios grandes que ofrecen muchos productos, pero a precios exorbitantes. Abren porque tienen músculo para reponer la mercancía y porque sobre ellos pende la amenaza de la expropiación.

 Nunca faltan fieles podencos que escriben artículos sobre Venezuela diciendo que no entienden lo que ocurre porque a ellos les han hablado de que hay supermercados repletos de comida o porque vinieron hasta acá y se tomaron fotografías en tiendas surtidas. Eso sí: ni de vaina capturaron imágenes de los precios de las cosas ni de la factura que pagaron (si es que lo hicieron) ni hablan de que las cifras a pagar superan la capacidad de programación de las máquinas con las que se saca la cuenta y se expide la factura, y entonces, cuando llega a uno de esos límites, el cliente debe pagar para que, a su vez, el cajero abra una nueva cuenta que se cerrará si el monto alcanza otra vez el límite de la máquina. Sí: algo tan sencillo como pagar, es, en Venezuela, un proceso largo y engorroso que puede convertirse en algo peor si el punto de pago electrónico se desmaya o parpadea. Ah, pero de eso no habla el canalla que escribe sus reportes haciéndose el idiota y dejando correr la especie de que en este país no se sufre.

 Y tampoco habla de la falta de medicamentos o de los precios desorbitados de los que hay.

 O de la gente que debe viajar en camiones de volteo porque cada vez hay menos autobuses.

 O de las personas que se desmayan o enflaquecen porque no comen bien.

 O de las calles desiertas y oscuras de las ciudades venezolanas.

 Ni los tales periodistas ni los funcionarios del gobierno aceptan que todo aquél que se enferme, padecerá la enfermedad en sí y la angustia de no encontrar aquello que mitigaría o curaría sus dolores. El mensaje parece muy simple: «Tú que estás enfermo y eres débil, jódete». En ese sentido, el chabismo ha sido y es una efectiva y letal escuela del horror que nos ha enseñado todas las mezclas y variantes posibles del mal: el mal con la mediocridad, el mal con la mentira, el mal con mucha plata, el mal con carisma, el mal sin carisma, el mal con discurso malandro, el mal con discurso buenista, el mal con medias verdades, el mal ensañado contra los débiles, el mal acaramelado con los más fuertes, el mal dentro, el mal fuera, el mal seductor de tontos y vanos, el mal que no repara en acusar a sus víctimas, el mal que no teme al ridículo, el mal que se asocia con el mal internacional, el mal que vacía las tuberías de agua y los cables de electricidad, el mal disfrazado de ovejas, el mal que corrompe y se deja corromper, el mal, el mal, el mal...

 Como el mal está en todas partes, tenemos derecho a sospechar. Por ejemplo: estos periodistas dicen que en Venezuela hay de todo porque tal vez ellos trabajen para las mismas empresas importadoras que proveen las mercaderías que a precios escandalosos se ofrecen en todas partes: alimentos, medicinas, ropa, productos de limpieza, repuestos para vehículos... En la lógica abyecta del país sumido en el horror, no tiene nada de raro que los jefes de estos amanuenses se jacten de oponerse a la tiranía, aunque en verdad sean socios de los tiranos o los tiranos mismos.

 Todo es raro y perverso; feo en un grado anormal y apocalíptico.

 Cuesta un sistema solar; mantener el equilibrio emocional y la esperanza, pero no podemos hacer otra cosa que atravesar erguidos este desierto.