miércoles, enero 10, 2018

MAC Y SU CONTRATIEMPO

 Mac y su contratiempo, de Enrique Vila Matas, es una novela dichosa y plena de virtuosismo desgarbado, señal inequívoca de que su autor ha alcanzado la plenitud de su oficio, la cúspide de su propio proyecto.

 Al leer su obra, uno detecta que ese proyecto funciona más o menos igual: cada libro nace a la sombra de un libro (ora real, ora inventado) al que se lee, se parodia, se admira y se critica a la luz de una historia que va surgiendo en la medida en que el texto nos muestra el comentario del libro, llamémoslo «sombrilla», del que autor y narrador se han apropiado sin miramientos de ninguna clase. Eso ocurre en París no se acaba nunca, en Bartleby y compañía, en El mal de Montano y en muchos de sus novelas. En Mac y su contratiempo el narrador se toma el trabajo no ya de comentar un libro, sino de reescribirlo y de usarlo para enmascarar una historia de la que no podemos decir que sabemos mucho porque apenas se nos ofrecen unas breves pinceladas.

 Mac y su contratiempo es, en apariencia, la historia de un aprendiz de escritor que dedica sus días de desempleado a redactar un diario en el que da cuenta no sólo de las dificultades que trae consigo su nuevo oficio, sino de las estampas con que se topa en el barrio donde ha vivido durante años. Así, entre reflexiones sobre literatura y humoradas varias, transcurre la novela hasta que Mac, el protagonista y narrador, nos anuncia que se le ocurrió la brillante idea de reescribir el libro de otro escritor, quien, además, es su vecino. Desde aquí Vila Matas juega con la historia (y con nosotros) sin miramientos de ninguna clase. Quien lea sus párrafos se enfrentará a varios registros de escritura, unos más atildados que otros, unos ganados no sé si por la oralidad o, al menos, por esa forma desgarbada de reseñar un relato sin ofrecer demasiados detalles, y otros más concentrados en narrar con elegante eficacia lo que hay que narrar y nada más. De ese modo se nos cuenta una historia (fragmentaria y compleja, eso sí) dentro de otra historia, hasta que llegamos a un punto en que nos damos cuenta de que quizás podamos leer lo que acabamos de leer al revés; es decir: la historia dentro de la historia quizás no estuviese dentro sino fuera y, además la que se suponía contenedora, en realidad era contenida por la otra.

 Menudo y extraordinario enredo… Ustedes comprenderán mis palabras, si leen la novela hasta el final. Lo digo no porque sea enredada, sino porque los libros de Vila Matas divagan sobre distintos asuntos (unos más interesantes que otros), construyen ramas entretenidas que alcanzan todo su esplendor y se acaban sin aportar mucho que digamos a la columna central de la novela. Cuando le preguntan al autor sobre esta característica de sus libros, dice que lo hace porque detesta las tramas concentradas y adaptables al formato de una tertulia telefónica. Tal vez tenga razón, pero creo que el abuso de las misceláneas en una novela genera dispersión y es muy probable que no sólo no cumpla con el propósito de evitar que sus relatos se diluyan en la trivialidad de las anécdotas fáciles de repetir, sino que nos empuje a olvidar buena parte de lo que hemos leído, lo que, a su vez, viene a cuestionar si hicimos bien o no en valorar con tanto entusiasmo los libros de Vila Matas.

 Allá cada quien con sus gustos y su memoria.