martes, enero 23, 2018

EL RECTÁNGULO DE RUBLIOV

 En la mitad inferior de su icono de la Santísima Trinidad, Andrei Rubliov dejó encriptado un mensaje que contiene una declaración de principios. Se trata del dibujo de un rectángulo áureo.

 ¿Por qué el monje Rubliov dejó semejante mensaje? 

 Tal vez tratara de mostrarnos que el problema conceptual de esa pintura es más complejo que el formal.

 Quienes conocen el icono de la Santísima Trinidad, de Andrei Rubliov, saben que representa la escena del Antiguo Testamento en la que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, bajo la forma de tres ángeles exactamente iguales, reciben la hospitalidad de la casa de Abraham. Obsérvese que esta obra no se limita a ilustrar el episodio bíblico, sino que resume en una imagen el más complejo de los conceptos cristianos. 

 El cuadro, concebido entre 1424 y 1428, está lleno de detalles que se esconden detrás de la aparente simpleza de la imagen. Para empezar, los colores del atuendo de cada ángel le adjudican los atributos que le corresponden como Padre, como Hijo o como Espíritu Santo. No hay manera de saber quién es quién en la imagen sino viendo con atención los pormenores no sólo de la ropa, sino de los objetos que los rodean. La composición del cuadro es tan compleja como refinada. Obsérvelo con detenimiento. Establezca todas las relaciones que quiera (o pueda) entre los ojos de los ángeles o entre sus manos o entre sus pies o entre las formas que se producen al seguir las líneas principales que fijan las posiciones de sus cuerpos. Note que ante nuestros ojos (o ante nuestra imaginación capaz de «ver» a través de las formas) surgen triángulos, octágonos, rectángulos, líneas que se cruzan en el aire y crean espacios. En apariencia, se trata de una obra a medio camino entre la representación convencional de la iconografía bizantina y un planteamiento espacial cercano al de los primeros pintores del Renacimiento italiano, cuando en realidad, sugiere decenas de recorridos visuales, de líneas invisibles que forman la compleja composición del cuadro y cuyo interés el propio Rubliov se encargó de subrayar cuando dibujó un rectángulo áureo en un punto medular de la obra.

 De nuevo debemos preguntarnos: ¿qué hace esa figura tan simple y tan densa a la vez en ese cuadro? ¿Acaso el artista nos revela una suerte de camino hacia las profundidades de la espiritualidad a través de la geometría o se trata de un documento donde deja asentada su creencia de que en la estructura de las formas hay un universo de belleza inédita por explorar? 

 No hay ni puede haber respuestas exactas.

 Sólo preguntas.

 Preguntas imaginativas e imprecisas como sólo las puede producir un documento místico y poético.