sábado, julio 30, 2016

RAPTO Y CONTENCIÓN

 Gente que no se descubre al entrar en un templo.

 Gente que no pisa un museo.


 Gente adicta a la realidad.


 Gente proterva que ha gestado cada grano de este desierto.   



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Preguntas para un censo nacional de pedigüeños:


 ¿Cuándo Ud. pide, pide «por favor» o «por el amor de Dios»?


 ¿Maldice Ud. a quien no le da?


 ¿Bendice Ud. a quien le da?


 ¿Pide Ud. por necesidad o por flojo?


 ¿Usa Ud. la pordiosería con fines distintos a la supervivencia?


 ¿Pide Ud. en persona o pone indefensos a pedir por Ud.?


 ¿Enseña llagas cuando pide?


 ¿Su método incluye la conmoción emocional de su posible benefactor? Razone su respuesta.


 ¿Golpea Ud. a otros pedigüeños que invaden su territorio o área de trabajo?


 ¿Finge Ud. alguna enfermedad?


 ¿Sabía Ud. que la falta de alguna parte del cuerpo no le impide trabajar?


 ¿Se molesta Ud. si lo llaman «tullido»?


 ¿Se da cuenta de que perturba Ud. a los transeúntes y a los usuarios del transporte público?


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 Doña Bárbara o Venezuela MILF.



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 ¿Por qué los filósofos escriben tan mal?


 ¿Dónde quedó aquello de «Todo lo que se puede explicar, se puede explicar fácilmente»?


 Leo a Walter Benjamin y no lo entiendo ni en español.



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 Un manco monipodio tumba mangos con su única muleta.


 La estampa que veo todos los años y sobre la que no había hablado este año.



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 El materialismo (sigiloso y reptante) ha desprestigiado la palabra «alma».


 Luego se preguntan por qué el mundo va como va.



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 Mario Vargas Llosa escribe contra el arte contemporáneo; habla mal de una obra sobre la que no acota el título ni el nombre del artista. Habla de conspiración, de embauque y engaño, y no muestra el mínimo deseo no ya de comprender, sino de acercarse con curiosidad, sin prejuicios, humilde, con la apertura suficiente como para aceptar que están tratando de decirle algo en una lengua distinta a la habitual, una lengua hecha de metáforas objetuales, con una sintaxis distinta a la del habla cotidiana.


 Por lo visto a Vargas Llosa no le interesa lo que tengan que decirle con una retórica hecha de metonimias. A él parece interesarle sólo lo literal, aquello que resuena en el público por su concreción, como cuando va a Argentina, baila tango, le toman una fotografía y la publican en la revista Hola


 Esa foto en Hola Argentina vale por cien escobas en la Tate Gallery de Londres.



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 Vengo de un mundo en el que «jeva» no es un insulto.