sábado, marzo 26, 2016

SUPUESTAS DELUSIONES

Máquina Célibe; Caracas, 14 de marzo de 2016
I. Después del repaso de las vilezas de hoy, recordamos que otras infamias cubrirán con su barro oportuno las desgracias que han poblado el ominoso presente y lo transformarán en olvido. 

II. Nos cuesta reconocer que por alma tenemos una acumulación de lodo. Solo nos damos cuenta cuando entramos en pendencias con los demás: sea porque somos exitosos y no comprendemos la desesperación de aquellos a quienes les va mal o porque somos campeones del fracaso y detestamos que a otros les vaya bien. 

III. Las horas son más largas; los días más cortos. Alguien envenenó el tiempo. 

IV. Trocados en hombres válvulas, abrimos y cerramos llaves, vigilamos las aguas, tememos el desierto. 

V. A nuestro alrededor sibilas y augures arrogantes, cuyos vaticinios siempre tienen beneficiarios. 

VI. Padecemos las órbitas de varios relojes simultáneos. Uno marca los días que faltan para que vivamos la noche más árida; otro los meses que nos separan de las próximas elecciones; otro el furor inmediato del hambre y la enfermedad; otros la calculada e implacable lentitud de la política, la erosión económica, el cese de la vida como la conocimos. 

VII. El calendario dice 2016, pero algo roto en nuestro interior sabe que no es 2016; que no puede ser 2016 porque nuestros relojes marchan, cada vez más rápido, hacia atrás. 

VIII. En el aire seco el polvo paralizado, como nosotros. 

IX. En nuestra vida pública hasta lo más trivial es motivo de controversia y encono. 

X. Nadie se enfrenta al malevaje, salvo el malevaje. 

XI. Hemos visto versiones crudas de Fuenteovejuna, fusilamientos, escabechinas en nombre de Dios y de la codicia. Una parte de nosotros se apaga; no entiende el dolor ajeno, como a otros se les apaga cuando ven el nuestro. 

XII. Bajo el afilado sol blanco de estos días las vacas negras dibujan líneas; buscan algo; no lo encuentran; forman nuevas líneas; huyen a otros dibujos. 

XIII. Noche proterva. Laja oscura. La calle, abandonada y silenciosa, pregunta por los paseantes. Quizás duerman. Tal vez caminen de la cama al baño, del baño a la cama, hasta que, de verdad, se duerman y sueñen con una calle mejor. 

XIV. Ni Dante ni Goya ni Doré ni Piranesi imaginaron la sevicia de una cárcel venezolana. 

XV. Los árboles resisten mejor que nosotros la exposición a la intemperie y a las malas noticias; responden con belleza a la adversidad. 

XVI. La desdicha se aduja en nosotros; presiona nuestro pecho; acomoda su cola de vidrio en nuestro estómago y anida hasta que estallamos. 

XVII. Debajo de la desesperación, una inquisidora vergüenza nos asuela. Vergüenza por lo que hicimos, dijimos y omitimos; por lo que hicieron, dijeron y omitieron otros. 

XVIII. Toda solución que obvie la ruina en que vivimos, no es solución; es ruina disfrazada. 

XIX. Nuestra escuela del horror ha sido pródiga en enseñarnos cuán posible es lo imposible, cuán frágil es todo cuanto hemos creado. 

XX. Exponerse a tanto perjuicio durante tantos años ha sido una prueba de resistencia de la que nadie ha salido sano.