martes, febrero 16, 2016

VERDADES INDISPENSABLES

 En estos días aciagos debemos recordarles a los antiguos votantes del chabismo las veces que aplaudieron los exabruptos que cometía y decía su taita. Recuerden las satisfacciones que sintieron cada vez que les llegaron las noticias de una victoria electoral o de la privación de la titularidad de un bien ajeno. Tengan presente la efervescencia que los dominó cada vez que agraviaron con palabrejas mal aprendidas al oponente al que consideraron su enemigo. Es sano que acepten que parte de la desgracia que vivimos en la actualidad es culpa de ustedes mismos. Cada vez que se encuentren en una cola para adquirir algo que no saben qué es, cada vez que se vean enredados en un trámite absurdo para concretar las operaciones comerciales más sencillas, cada vez que los atraquen (o sepan de un atraco), cada vez que no tengan luz o no tengan trabajo porque la compañía donde trabajaban, cerró; cada vez que se vean intimidados o acosados por autoridades abusadoras, por malandros, pedigüeños, indigentes, buhoneros o pícaros de toda ralea, hagan memoria; véanse a ustedes mismos fascinados con el chabismo. Algo parecido debemos recomendarles a aquellos que proclamaron que sus corazones eran opositores pero sus bolsillos chabistas, o a aquellos sabios del pandorismo universal que no aceptaron ni aceptan que nos encontramos en una tragedia cuyo dilema es ruina o muerte.

 Olvídense de la inocencia. Aquí nadie es inocente. Nadie puede invocar la ignorancia como excusa ni decir «me engañaron» porque, muy en su fuero interior, todos ustedes sabían que apoyaban un proyecto malevo diseñado por piratas. Pero claro, no dijeron nada porque la largueza de la mano dadivosa, les dio regalos materiales y les ofreció un objetivo en la vida basado en el resentimiento y en esperar (subrayo con luces amarillas ese verbo) más y más beneficios. Ahora resulta que ustedes ya no son chabistas o que son chabistas mas no maduristas, como si aquel hombre-recuerdo no nos hubiera legado este mamotreto y como si ustedes no hubieran apoyado su entronización y no hubiesen batido palmas en su momento por semejante desgracia. Sigan creyendo que ustedes no han tenido responsabilidad en el infortunio abisal que padecemos. ¿Les parecen duras estas palabras? Véanse a ustedes mismos corriendo de una farmacia a otra por medicinas u oyendo el largo regüeldo de la tubería cuando abran la llave del lavamos y no salga más que aire. Compartan con los suyos la memoria de las hazañas que debe cumplir cualquier paisano para adquirir la batería o las llantas de su automóvil. Piensen en todo lo que el chabismo prometió y no cumplió. Saquen la cuenta de las grandes ideas que terminaron en nadas oxidadas y torcidas antes de su inauguración. Mediten otra vez sobre las corrosivas satisfacciones que sintieron en estos años, si fueron duraderas o si se consumieron a la velocidad del humo.

 La extrema condescendencia hacia los corresponsables de esta pesada desdicha quema como un infierno y quemará más en el futuro, si ahora no hablamos de ella. Darle a cada quien lo que se merece es indispensable para sortear las ominosas espinas que nos aguardan. En el porvenir resurgirán una y otra vez las voces de la socarronería universal; clamarán al cielo cuando la sensatez ponga a funcionar la rueca de los cambios; apelarán a la eterna idea de que el grueso de la sociedad venezolana es estulto y pobrecito. Para tristeza nuestra, más de un nostálgico de pestorejo blando atenderá ese llamado y lo único que podremos hacer será recordarles la angustia de estos largos años, la erosión espiritual, la incertidumbre y también la responsabilidad que cada quien tuvo en esta increíble y dilatada pasantía por la escuela del horror comunista.