martes, febrero 02, 2016

DE LA DIFICULTAD DE CONCEBIR UN LIBRO

 Lo más difícil de producir un libro no radica en la solitaria escritura de párrafos afiebrados; tampoco en la edición dolorosa de las páginas que creemos perfectas; radica en la definición de la idea que lo justifica.

 Digo «definición» por decir algo. En verdad uno no «define» nada. La idea está ahí, rondándonos y un día, simplemente, la vemos junto a nosotros, la traducimos a palabras más o menos inteligibles, la cribamos y le otorgamos una forma capaz de mantener unidas las piezas que poco a poco hemos concebido. Ese núcleo fugaz, antes de convertirse en la médula de algo, tiene la velocidad de un espejismo; es esplendor inquieto que no debe perseguirse porque mientras más se le persigue, más evasivo se vuelve.

 La dificultad radica en cultivar una extraña forma de la paciencia (y de la fe, ¡cómo no!) que consiste en esperar algo que no sabes que es, pero que intuyes cercano. En el entretanto, el guía interior te dice que debes ser digno de ese encuentro; que debes prepararte para ver ese fulgor instantáneo cuando se presente, y así te dedicas a la lectura, a la audición de música, a la observación interesada de obras de arte y a todas esas actividades que nos ayudan a ver más allá de las triviales convenciones de la realidad. Como todo lo que tiene que ver con tales asuntos, lo más importante proviene de una actitud abierta al descubrimiento y a lo desconocido; no a la planificación milimétrica. En cualquier forma artística, la excesiva planificación conduce a versiones más o menos reconocibles del ridículo.

 Cuando pasas meses y años escribiendo páginas que no sabes dónde encajan, tiendes a desesperarte, a sentirte desclasado, más si no escribes cuentos ni novelas ni te dedicas al periodismo que vive prendado de sí mismo, hasta que un día aparece el conjunto de ideas capaz de hacer orbitar a su alrededor todo cuanto has vertido en palabras y de darle la coherencia suficiente como para lograr que tú mismo lo veas como un organismo único al que puedes llamar «libro».