lunes, julio 20, 2015

MEDITACIONES OSCURAS

 El entuerto venezolano muta todos los días; parece un virus que ha asumido la forma de una entidad capaz de desmoronar la psique de los individuos, de convertir en polvo la integridad emocional de las personas. No hace falta dar ejemplos. Basta con cerrar los ojos para encontrar aquello que acredita estas líneas: aullidos propios y ajenos, miedo, ira, impotencia, insomnio. Ya no se trata de política. Se trata de veneno.

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 Palabras erosionadas por uso inconsciente y excesivo: «calidad de vida», «emprendimiento», «hiperinflación», «exilio», «crisis», «objetividad», «género», «social», «elecciones», «pueblo», «diáspora»...

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 ¿El horror se arranca o se mitiga? Unos prefieren estudiarlo y vivir de él. Quienes hacen eso, no saben (o no quieren saber) que contribuyen a perpetuarlo.

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 La respuesta a la pregunta anterior es «se anula», pero las costumbres contemporáneas no la aprueban por considerarla peligrosa. Ante dos males las personas deciden por el que les produce menos remordimientos.

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 Amigos, familiares y conocidos que no viven en Venezuela, sepan que ustedes viven en 2015. Yo no. Yo vivo en 1915 o, tal vez, en otro año más lejano en el insondable pasado. Sepan también que ustedes viven en otro planeta inalcanzable en estos momentos para mí.

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 Me disgusta el culto a Frida Kahlo, a José Ignacio Cabrujas, a Jorge Luis Borges y a Gabriel García Márquez. Creo que esa incondicional admiración esconde algo turbio. 

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 En Venezuela los maleducados tuvieron la oportunidad de demostrar que la ignorancia es benigna.

 Y fracasaron.

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 Un emigrante = un voto menos.

 Así ganaremos la Asamblea Nacional.