sábado, febrero 07, 2015

REFLEJOS INVOLUNTARIOS

 El gran tema de estos días no es la inútil discusión entre los organizadores de elecciones y los asiduos zumbapiedras; es la posibilidad de un colapso económico que dé pie a un estallido social. ¿Qué se hace ante eso: nada? 

 Creo que es tiempo de hacer política, de explicar lo que sucede y de crear las condiciones para conducir a la población en medio del desastre. De no hacerlo, nos exponemos al vacío, y el vacío en política no existe. Al vacío lo llenan las organizaciones criminales o los militares.

 Sí. Ya sé lo que están pensando, pero dejémoslo hasta ahí.

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 Si quieres elecciones, no entorpezcas el trabajo de quienes quieren lanzar piedras.

 Si quieres lanzar piedras, no entorpezcas la labor de quienes quieren elecciones.

 Si quieres dialogar, no fastidies a quienes quieren zumbar piedras u organizar elecciones.

 (Llamemos «Unidad» a ese no atravesarse en el camino de nadie).

 El momento de hacer todo esto a la vez pasó hace años, pero como no hay nada más que hacer, hay que volverlo a hacer, pero llenándolo de contenido político. Porque eso es lo que ha faltado y sigue faltando: contenidos. 

 No hay nada más carente de contenidos que los políticos venezolanos actuales.

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 Por cierto: «contenido político» no es lo mismo que hablar de economía o de corrupción o de todo lo que no funciona en Venezuela. 

 Crear contenidos políticos supone crear consensos en torno a valores, ideas, sueños, deseos y proyectos.

 Donde se hace política sin contenidos se corre el riesgo de cometer idioteces, y, como se sabe, algunas idioteces son peligrosas.

 ¿Quién en mi país produce y difunde contenidos políticos?

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 Quiero preguntar algo.

 Vamos a elecciones pensando que ganaremos, pero las perdemos, como casi siempre.

 ¿Qué haremos? 

 La pregunta tiene interés si pensamos que lo que se pierde no es un cargo, sino los jirones de una forma de vida civilizada.

 Si las elecciones terminan refrescando a los tiranos, las elecciones no sirven, y menos si se llevan a cabo entre rapacerías, amenazas y todas esas indiscriminadas licencias que se toman los mandarines para asistir con ventajas a las contiendas electorales.

 De manera que la pregunta no es tan baladí como parece. En realidad, lo sería, si Venezuela fuera un país normal.

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 Sí. Todo lo que he dicho es obvio.