miércoles, enero 07, 2015

BAJO LOS CIELOS DE INSTAGRAM

 Un mundo en el que nadie habla mal de nadie.

 Un mundo corroído por la corrección política.

 Un mundo en el que se usan eufemismos para hablar de eufemismos.

 Un mundo gobernado por Tartufos.

 Un mundo de redentores que ofrecen el pasado.

 Un mundo de egoístas virtuosos.

 Un mundo de oscuridad disfrazada de luz.

 Un mundo con ilimitada capacidad de conexión rendido al solipsismo.

 Un mundo de memoria inmediata y nostalgia perpetua.

 Un mundo que se prosterna ante la ignorancia simpática.

 Un mundo habitado por personas que no diferencian egoísmo de individualismo.

 Un mundo de pobreza espiritual maquillada de riqueza material.

 Un mundo que cada tanto produce las mismas obras de arte.

 Un mundo prendado de sí mismo.

 Un mundo que quiere hacernos creer que la vida trata sobre el bienestar.

 Un mundo de máquinas que no miden el veneno conceptual de las cosas.

 Un mundo entregado a la balística y a la silicona.

 Un mundo perdido en logaritmos.

 Un mundo habitado por amebas en faldas y pantalones.

 Un mundo lleno de criptógrafos que pasan por poetas.

 Un mundo que vigila lo inútil.

 Un mundo que siembra la tala.

 Un mundo adormilado frente a una fuente de pólvora infinita.

 Un mundo envuelto en una mortaja de cables.

 Un mundo de corazones radicales, congelados, sin verdadero amor.

 Un mundo de esperpentos devenidos en apóstoles.

 Un mundo en el que la indiferencia se mide en megatones.

 Un mundo que se siente incómodo ante el silencio.

 Un mundo de astronautas de recámara.

 Un mundo agotado de sí mismo.

 Un mundo en el que el único espacio de libertad posible queda detrás de los ojos.

 Un mundo de truenos que no significan más que el trueno.

 Un mundo fértil al miedo.

 Un mundo que no prepara a sus habitantes para vencer el horror.