miércoles, septiembre 24, 2014

HUMOR PARA COMBATIR EL OLVIDO

El libro 70 años de humor en Venezuela viaja por la ocurrencia criolla con curaduría de Roberto Echeto


¿Por qué este libro abarca solo 70 años del humor en Venezuela? 
 Porque pertenece a una colección que se llama así, 70 años. El porqué de ese nombre es simple: trabajamos con el archivo hemerográfico de El Nacional, que abarca desde la fundación del periódico hasta hoy. 

 Si te pones a ver, 70 años es un lapso interesante. No es tan rimbombante como un siglo, pero abarca perfectamente la vida de una persona.

 70 años es un bonito número para la memoria.


 ¿En qué consistió tu trabajo como curador?
 En definir el concepto del libro y de la investigación; en revisar y escoger el material; en llamar a los humoristas, buscar las imágenes, darle coherencia a todo ese gran rompecabezas y en soportar los dolores de cabeza que me produjo tener que seleccionar un número limitado de textos y viñetas.

 En todo ese trabajo me acompañó Rafael Osío Cabrices, quien fungió de editor del libro y voz de la conciencia que a cada rato me decía «bróder, recorta, recorta».
  

 ¿Descubriste a algún humorista o talento desconocido para ti antes de este trabajo?
 No sé cómo explicar esto. Tengo años recopilando material humorístico: revistas, suplementos, libros, periódicos… De manera que el trabajo de los humoristas venezolanos no me resulta ajeno. No «descubrí» a nadie esta vez.


 ¿Existen algunos temas recurrentes en el humor venezolano? 
 El costumbrismo y la política. 

 Venezuela se burla de sus costumbres todos los días; de las decentes y de las indecentes, de todas, para bien y para mal. 

 Desde siempre, los humoristas venezolanos han diseñado chistes para comentar las barbaridades que hacen nuestros políticos, lo cual no tiene nada de raro, sobre todo si consideramos que han existido muy pocas revistas independientes dedicadas al humor y que los periódicos han sido los espacios mayoritarios que el azar y la voluntad de algunos editores le otorgaron al humor. En otras palabras, como el asunto principal de quienes trabajan en los medios donde se publica el material humorístico es la política, el humor no puede substraerse a ese objetivo. 

 Por otro lado, el humor necesita un terreno común entre el humorista y su público. Sin ese territorio de referencias compartidas, los chistes no funcionan. En nuestro país, la figura de los políticos es tan determinante en la vida colectiva, tan pesada en el devenir de nuestra sociedad, que es, por sí sola, una fuente inagotable de referencias y de signos que todos lo que somos de aquí entendemos y padecemos todos los días.
    

 ¿Son los políticos las «víctimas perfectas» del humor venezolano?
 Los políticos no son víctimas del humor. Los ciudadanos normales y corrientes somos víctimas de los desastres que producen las imposturas, las debilidades y las idioteces que cometen los políticos y los investidos de algún tipo de poder. El humor es la única venganza que podemos permitirnos las personas decentes contra esos que nos hacen la vida imposible, sean políticos o no.


 ¿Te atreves a hacer una lista de los 5 nombres más relevantes en el humor venezolano? (y explicar cada uno).
 Aquiles Nazoa, Pedro León Zapata, Jaime Ballestas, Rubén Monasterios y José Ignacio Cabrujas. A modo de capricho añadiré a Leoncio Martínez.

 No creo que haga falta explicar el trabajo de estos seis maestros ni decir por qué agrupo sus nombres en esta lista. Sin embargo, para que no digas que escurro el bulto, te diré que te fijes en tres detalles: 1) Los seis tienen una obra diversa. No se concentraron en una sola actividad ni en un solo género ni en un solo medio. 2) Los seis participaron (cuando no fundaron, dirigieron o pertenecieron al consejo directivo) de varias de las publicaciones humorísticas más importantes y exitosas del país. 3) Cada uno a su ritmo expandió las posibilidades del humor, utilizando los recursos estilísticos y técnicos de que disponía en su momento para llevarlas a cotas donde nadie las había llevado antes ni las ha llevado después. 4) Todos manejan una abrumadora mezcla de cultura universal con referentes locales cotidianos. 5) El trabajo de cada uno es un rasero para medir lo que hacen otros humoristas.


 No parece que estos años recientes sean los mejores para el humor venezolano en la televisión ¿Es así?
 El humor en televisión no formó parte de la investigación. Sin embargo, es inevitable hacer las conexiones. Muchos de los humoristas reunidos en el libro trabajaron en ese medio. 

 Estos últimos veinte años han sido terribles para toda Venezuela. La televisión debería cuestionarse cuánta responsabilidad tiene en todo este disparate, sobre todo por no prestarle atención a la calidad ni a la densidad de los contenidos que difunde.

 Esa crisis es más ostensible en unos programas que en otros. En los programas dedicados al humor es imposible soslayar la carencia de formación de los actores, de los escritores y hasta de los gerentes encargados de armar los equipos de producción de esos espacios.  

 Ante las críticas, los genios de la gerenciagerencial televisiva siempre adujeron que ese tipo de programas, pobre en contenidos, era el que el público venezolano quería ver y, bueno, ya vemos los resultados y todo lo que ha ocurrido con la televisión de este país… 

 Damas y caballeros, sépanlo: el humor vive de nuestras referencias y de nuestros conocimientos. Si nuestras referencias y conocimientos son pobres, nuestro humor será pobre. 


¿Qué encontraron en el mundo digital en materia de humor?
 Talento, afán de renovación y falta de patrocinantes. 

 La falta de patrocinio es una de las constantes del humor venezolano, lo cual no se compagina con aquello de que somos una sociedad abierta y dada a la risa y al humor. Los chistes, los dibujos, los cuentos, los artículos y los videos serán muy buenos, pero no hay quien pague por difundirlos.  

 Mientras mejor es el humor, más fuerte pega y más residual es su efecto en la memoria colectiva. A nuestros empresarios —siempre tan valientes y preclaros— casi nunca les agrada que sus productos se vean asociados a chistecitos y menos si tratan sobre los protagonistas de la vida pública nacional o si tocan los temas que nuestra sociedad considera álgidos.  

 Más allá de esa anécdota sombría, en los medios digitales encontramos maravillas de publicaciones que asumen la continuación de lo hecho en otros medios más tradicionales. 


 En Internet hay plataformas como El Chigüire Bipolar o El Mostacho que concentran bastante la atención pero también mucha gente haciendo sus cosas de forma «independiente» ¿Hay algún caso destacable de esto último?
 ¿Qué significa ser independiente en esta materia: tener una cuenta en Twitter, escribir tus chistes y obtener la atención de miles de seguidores? ¿Cómo evaluamos esa independencia con respecto al tema que nos ocupa? Más allá de las particularidades tecnológicas, ¿en qué se diferencia una web de humor hecha en 2014 de los periódicos murales que en los sesentas administraban Otrova Gomas y Luis Britto García? ¿Qué diferencia existe entre la independencia que permiten los medios digitales de hoy y la que tenían aquellos medios hechos con los recursos más precarios porque, entre otras cosas, nunca obtuvieron patrocinios?

 El reto que tienen por delante los humoristas que trabajan desde las redes es ver cómo superan la fragmentación y el aislamiento del público en un país que atraviesa un desastre socio-político de increíbles proporciones, con unos medios que acentúan justamente el encierro y el solipsismo. El humor a través de Twitter o desde páginas web puede que le llegue a mucha gente, pero eso no significa que subraye la calidad del material ni que estimule, sobre todo, su trascendencia y su naturaleza corrosiva (si es que la tiene). El humor es un asunto colectivo cuya importancia va mucho más allá de unos mensajitos de texto en un teléfono o de unos enlaces para ir a tal o cual espacio en la red. En realidad va mucho más allá de una momentánea explosión de risas y de un «Me gusta» en Facebook. 


 ¿El stand up fue incluido en este libro? ¿Cuáles son las diferencias entre el stand up americano y el nuestro?
 No se incluyó el stand up en la antología. Se trata de una antología de humor impreso. 

 Algún día alguien hará una recopilación de lo mejor del stand up nacional, aunque adivino la enorme dificultad que tendrá quien se dedique a recabar el material escrito, si es que alguna vez existió o si lo archivaron con el debido celo. Esa, aparte de las referencias culturales y sociales, es una de las grandes diferencias del humor nacional con respecto al humor de otros lugares: el respeto por el oficio, la conciencia de que el trabajo del humorista que se presenta en escena va más allá de la propia escena.


 ¿Existe algún talento al que, actualmente, debamos seguirle la pista?
 Creo que hay que seguirle la pista al trabajo de todos los humoristas y esperar el inevitable proceso de criba que se da con el paso del tiempo. 

Boris Felipe; El Mundo Economía y Negocios; Caracas, 22 de agosto de 2014