miércoles, junio 04, 2014

FANTASMA

  No me gusta usar móviles sofisticados. Prefiero las tecnologías baratas y libres de periquitos. Con que pueda llamar a mi casa, me conformo.   

  Ayer, en un rato de ocio, puse a cargar el Nokia desportillado que me sirvió antes del Samsung de juguete que uso ahora. Cuando estuvo listo, me puse a revisar la libreta de contactos y me llevé una extraña sorpresa. La mitad (o más) de los nombres anotados en ese aparato pertenecen a personas, amigos y conocidos, que ya no viven en Venezuela.

  La gente que no está, que se fue, deja huecos por todas partes. Huecos como los que quedan en una fotografía cuando se recorta el retrato de alguien y se deja la silueta. En este caso la vida, los lugares, las calles, se llenan de huecos, de gente que estuvo y ya no está, que se fue y te dejó con los vanos, con las memoria de lo que se hizo en determinada calle, en tal casa, en tal edificio. Es así como, de pronto, te das cuenta de que vives en una ciudad (o en un país) fantasma.

  Vivir entre vanos está bien. Uno se acostumbra. Lo raro es que cada cierto tiempo me pregunto si quienes se fueron, te ven como un hueco en la fotografía de su propia y nueva realidad.