viernes, febrero 07, 2014

RUINA DEFINITIVA

  Los pacíficos prosalidas democráticas, constitucionales y fotogénicas al desastre venezolano acusan a los que están hartos del desmadre en que vivimos y quieren protestar, de promover manifestaciones callejeras que les darían la excusa perfecta a los mandarines para reprimir y terminar de arrasar con todo.

  (¿Y qué quieren: que la gente no exprese su monumental arrechera, que siga pasmada haciendo filas para entrar a los supermercados y soportando que, a cada rato, la roben y la jodan? Además: con o sin excusas, los mandarines viven inventando vainas para terminar de arrasarlo todo).

  Los que están hartos del desmadre en que vivimos y quieren protestar, acusan a los pacíficos prosalidas democráticas, constitucionales y fotogénicas de quedarse de brazos cruzados haciendo absolutamente nada, esperando a que llegue el momento de participar en las próximas elecciones que serán a finales de 2015, mientras el país entero se hunde más en un tremedal económico y social.

  (Es curioso, pero los amigos que decidieron esperar también tienen razón. Un error en esas acciones callejeras, puede producir un desastre de proporciones insospechadas, como ya ocurrió en el pasado o peor).

  Los pacíficos prosalidas democráticas, constitucionales y fotogénicas al desastre venezolano chantajean a los que están hartos del desmadre en que vivimos y quieren protestar, diciéndoles que repetirán los mismos errores que cometieron en el pasado y que además habrá muertos y heridos.

  (Como si hiciera falta organizar manifestaciones multitudinarias en Venezuela para que haya muertos y heridos todos los días).

  Los que están hartos del desmadre en que vivimos y quieren protestar, les enrostran a los pacíficos prosalidas democráticas, constitucionales y fotogénicas que ellos también han puesto la torta, que han participado en elecciones llenas de irregularidades, que han ganado, cómo no, pero que han perdido las más de las veces, y esas derrotas han venido afianzado al grotesco mandarinato que sigue gobernando.

  (Los políticos venezolanos en general no se expresan bien; no saben administrar la derrota ni mantener a sus partidarios cohesionados y en guardia para las luchas que vienen. En este detalle es donde más se nota su falta de lecturas y su aridez espiritual)

  Los pacíficos prosalidas democráticas, constitucionales y fotogénicas creen que, en algún momento, los seguidores del mandarinato se cansarán del gobierno mandarín y votarán por ellos.

  (Esperen sentados y mientras lo hacen, vean cómo la ruina absoluta continúa su curso).

  Los que están hartos del desmadre en que vivimos y quieren protestar, creen que al encender los ánimos de una parte de la sociedad, lograrán que el resto de la población se les una porque, según ellos, esos otros también están hartos.

  (Sigan creyendo. Además olvidan que los mandarines están armados hasta los dientes y son tan inescrupulosos que son capaces de repartir hasta lo que no es suyo para que sus partidarios no los abandonen).

  Como pueden ver, de este intercambio de repetidas invectivas lo que resulta es la parálisis.

  Los cultores de estas dos tendencias confunden el método con el objetivo. Por eso el tiempo se les va en pendencias entre ellos, en lugar de sentarse y ponerse de acuerdo. Viven hablando de la importancia del diálogo, pero se niegan a dialogar con sus pares y entenderse.

  Ya que no pueden hacerlo, debemos recordarles a las partes en cuestión que el puro voluntarismo no sirve para nada, que la ira y la desesperación, por muy legítimas que sean, nublan el seso y hacen que la gente vea espejismos en todas partes. Asimismo hay que decir que la pura beatería no sirve ni da resultados. La política es mefítica, y la única manera de sobrevivir en sus predios es con seriedad, astucia, audacia e ideas claras; es decir: con cosas que uno duda que estos políticos tengan, si la discusión que se lleva a cabo en estos días es esa que acabamos de comentar.

  Llegará el día en que las circunstancias unan a estos bandos y sería bueno que para ese entonces, hayan discutido y superado todas sus diferencias porque, de lo contrario, los mandarines se reproducirán una y otra vez, perpetuando la ruina en la que florecerán sus retoños: la nuestra, la de nadie más.