martes, febrero 18, 2014

FEBRERO

Lenín Pérez Pérez: Av. Francisco de Miranda; Caracas, 18 de febrero de 2014
  Si cuando hablan de «paz» se refieren al esperpento de cotidianidad que prodigan los mandarines, yo prefiero el escándalo de las protestas.

*

  Capriles dice que quiere meterse en el corazón de los que en este instante apoyan a los mandarines. Ajá. ¿Y si ese galán no logra nada con esa dama taimada y mañosa?

*

  Ante las protestas hay gente que pide «estrategias adecuadas». ¿Qué es una «estrategia adecuada»? ¿Hay «estrategias adecuadas» contra las balas estando desarmados? Las balas de los mandarines siempre estarán ahí, listas, precisas, perfectas, en cualquier ocasión. Esa es nuestra tragedia.

*

  Que ¿por qué protestamos? Porque no puedes entrar a un supermercado sin tener que hacer largas filas para adquirir (racionadamente, por supuesto, y si hay) bienes de consumo cotidiano, valga decir papel sanitario, crema dental, pañales, jabón, leche…

*

  El periodismo no se da abasto para explicar el tamaño de la arrechera que flota en el aire.

*

  ¿Qué quieren decir cuando hablan de que hay que organizarse? ¿Qué es «organizarse»? «Organizarse» aquí se ha tornado en una distracción en una táctica dilatoria, en un «tenteallá» promovido por los inteligentes. «¿Organizarse para qué?». Quince años han tenido los políticos de oposición para organizar a la gente y no lo han sabido ni querido hacer. Cada vez que un lío está a punto de estallar sale un genioapaciguador a decir que hay que organizarse.

*

  Todos los caminos (todos, hasta los electorales) conducen a que nos apunten con escopetas y pistolas. Así que nuestro dilema trágico es muy simple: esclavitud o libertad.

*

  La política tiene, al menos, dos caras. Una que conversa y negocia sentada a una mesa, y otra que da y recibe coñazos. La oposición venezolana quiere parecer siempre una señorita recién acicalada y lista para su fiesta de quince años.

*

  Para que la oposición venezolana logre que los mandarines conversen y hasta negocien, debe hacerse peligrosa, actuar con audacia y creatividad, diversificarse y no dejarle todo el trabajo a un hombre.

*

  Dos enmascarados a horcajadas sobre una moto: El parrillero lleva una nueve milímetros desnuda en una de sus manos. Son los tonton macoutes venezolanos.

*

  Que ¿por qué protestamos? Porque estamos en las puertas de la ruina: hiperinflación, devaluación, escasez... Y todo eso con el barril de petróleo que es lo único que exporta Venezuela, a casi cien dólares.

*

  En este país no se pueden practicar actividades que en otros lugares del mundo son normales. Pasear por la calle de noche, por ejemplo. No hay alumbrado público en cuadras enteras. Los pocos postes que funcionan, emiten una luz muerta que subraya la oscuridad. El sistema eléctrico nacional está destartalado y como se sabe desde siempre, en las sombras prevalecen las alimañas.

*

  Estamos en una tragedia. Cualquier decisión que tomemos, nos dolerá hasta la médula. Que el dolor sea por hacer y no por esperar.

*

  Hay gente que hace política a partir de su propia cobardía. Como saben que cualquier cosa que se haga, despertará a los verdugos de moto y escopeta, hablan de posponer, esperar y llegar hasta las neblinas negras del calendario electoral que siempre termina oreando a los mandarines. Esa gente —la que hace política desde su propia cobardía— es experta en el chantaje, en hacer creer que sus propuestas son las únicas que valen, aunque hayan dado sobradas pruebas de que no sirven. Su contribución es el apaciguamiento, la vaguedad, la esperaqueesperalaespera, la nada.

*

  Tener miedo no está mal. Todos tenemos miedo. Lo importante es no permitir que usen nuestro miedo para devolvernos a nuestra indigna normalidad.

*

  Enciendes la televisión y buscas un noticiero serio entre los canales venezolanos. Ninguno. En todos pasan programas anodinos, gente en chancletas, mujeres hablando de fitness, sujetos mal empacados machucando el idioma, muñecos leyendo periódicos de farándula… Todos hablan, pero ninguno dice nada del fuego y de las piedras y de los gritos que ocupan las calles en estos días. Sí. Censura. Es eso: censura.

*

  El día de la marcha del día del Día de la Juventud me levanté, tomé café y encendí mi máquina. Leí que en la madrugada hubo seis muertos en la autopista de Prados del Este: cuatro secuestradores y dos agentes de la Policía de Baruta. La persona secuestrada estaba en una clínica, herida, pero estable. A las tres de la tarde de ese día se oyeron los reportes de la marcha de los estudiantes: varios heridos de bala y dos muertos. Entre las cinco y las seis se produjeron los primeros disturbios. La gente enardecida por la noticia, corrió a Chacao, a pocos metros de mi casa, y le lanzó piedras a uno de los edificios oficiales que se encuentran en la zona. Esa misma noche corrió la noticia de otra persona fallecida. Así transcurrió un día en la ciudad donde vivo y de la que no me pienso ir.

*

  Anoche falleció un estudiante que protestaba en Carúpano; lo atropellaron con un carro.

*

  Hoy hubo otra enorme concentración en Caracas. Durante toda la mañana hubo una creciente expectativa que se esfumó al mediodía cuando Leopoldo López, el supuesto responsable de todo lo que ha ocurrido en estos días, se entregó a la Guardia Nacional.

*

  Mientras en Caracas se producía ese extraño anticlímax de cuyas consecuencias sabremos en el futuro, en Maracaibo, Valencia, Maracay, Barquisimeto, San Juan de Los Morros, Mérida y Puerto Ordaz se produjeron refriegas entre guardias nacionales y manifestantes. 

*

  Esto no termina aquí. Esto continuará. Se avecinan días muy duros para todos.