lunes, enero 27, 2014

EL PLAN DE BEUYS

   Energy Plan for the Western Man; Joseph Beuys in America es un volumen que reúne las entrevistas que, entre 1974 y 1986, le hicieron a Joseph Beuys críticos y estudiosos como Achille Bonito Oliva, Louwrien Wijers, Kim Levin, Alan Moore, Willoughby Sharp, Caroline Tidsall, Edit deAk, Richard Demarco y Kate Horsefield. El libro trae además el manifiesto de fundación de la Free International University, que redactaron el propio Beuys y Henrich Böhl, además de la transcripción de dos de los diálogos que mantuvo con estudiantes en la gira que por varias universidades de los Estados Unidos llevó a cabo en 1974.

   De las múltiples maravillas que dijo el artista alemán y que fueron recogidas en este libro, hay una que me interesa mucho y que tiene que ver con la idea de que el pensamiento es una materia dúctil que puede moldearse para producir maravillas. Esa es la base de la cita que todo mundo recuerda de Beuys, aquella que reza que cada ser humano es un artista porque en cada persona hay una fuerza que amasa ideas hasta trocarlas en la materia que sirve para crear relaciones nuevas entre todo lo existente o para crear aquello que no se había creado jamás.

   Según Beuys, esa capacidad para modelar pensamientos no es exclusiva de grandes artistas ni de grandes filósofos; es propia de individuos libres y capaces de decidir en qué quieren utilizarla. Sin embargo, el artista alemán insistió siempre en que ese talento debía (y debe) utilizarse para algo superior, para algo que trascienda las pequeñas y grandes mezquindades y ayude a mantener y a mejorar nuestras vidas. Aunque esa idea suene a utopía hippie, fue el centro del ideario político de Beuys, ideario que repitió en cada diálogo y que se concretó no solo en sus obras, en sus conferencias, en la  Organización para la Democracia Directa, en la Free International University y en su teoría de la escultura social.

   La escultura social no es más que una ampliación del concepto de arte; es la posibilidad de utilizar la capacidad modeladora del pensamiento que tiene todo ser humano para participar en las grandes discusiones de su sociedad, para intervenir (creativamente) en las disciplinas de gobierno.

   El pensamiento político de Beuys es complejo e interesante; tiene muchas caras: es anarquista y democrático, ecológico, liberal y socialista, todo a la vez. No obstante, y a pesar del peso que adquirió en su obra, me temo que la política como tal no es lo más interesante de su pensamiento, al menos no como actividad independiente; es decir: no recordamos a Beuys como político profesional de corbata y declaraciones. Lo recordamos como un artista en cuya obra la política forma parte del cuerpo conceptual junto con otras ideas poderosas tomadas de la filosofía, de la biología, de la propia historia del arte, y que logró enhilar en una obra coherente gracias a que uno de sus postulados más importantes que defendía era el intercambio de conocimientos entre las múltiples disciplinas que cultivaba.

   Beuys fue escultor, estudió biología y fue aviador en la Segunda Guerra Mundial; hizo performances, fundó una universidad y tres partidos políticos (además de la Organización para la Democracia Directa que ya nombramos, el Partido Verde Alemán y el Partido de los Animales), dio clases, ofreció conferencias, fue candidato (sin éxito) a un escaño en el Bundestag, colaboró con el movimiento Fluxus y grabó un tema musical dedicado a Ronald Reagan, cuyo video se transmitió en MTV; fue un artista exitoso e influyente, cuyo pensamiento le abrió nuevos caminos al arte contemporáneo.

   El libro se llama Energy Plan for the Western Man porque ese fue el nombre que le dio Beuys al ciclo de charlas que ofreció durante su segunda visita a los Estados Unidos. El título en sí fue una provocación que podía leerse de diferentes formas: unos lo harían pensando en la dinámica Este-Oeste de la Guerra Fría, otros en función de la inyección de «energía» que supone para una comunidad el que un artista prestigioso dialogue con sus miembros… Otros leerían el título y pensarían en que el tema de la energía (y del calor que produce) fue uno de los grandes temas de toda su obra. Piénsese en las baterías, el fieltro, la grasa, los árboles… Quizás la mejor manera de leer ese título sea la que se encuentra sugerida hacia el final del libro en el diálogo con el Lama Sogyal Rinpoché de 1982. En esa conversación, Beuys habló del apego de Occidente a lo material y del olvido de todo aquello que conforma la otra cara del mundo: la incorpórea, la espiritual, la que no se ve, pero está y es tan importante como la primera. Al final, de lo que trataron las conferencias y todo este libro fue de eso: de ofrecerle a esta parte del mundo un recordatorio, un llamado de atención sobre aquello que le (o nos) falta, una advertencia sobre lo que le (o nos) puede suceder si no logramos crear una visión más completa e integrada del mundo y de la vida.

   Es curioso, pero a la luz de las ideas que sostiene este libro, el trabajo del propio Beuys me parece de una coherencia poderosa y abisal. Todo tiende a la unidad, a la integración entre lo material y lo espiritual, entre lo humano y lo animal, entre lo orgánico y lo sintético, entre la vida y la muerte, entre la política más seria que podamos imaginar y la cultura pop…

   Beuys fue un extraño gigante con una enorme capacidad para resemantizar los objetos y los materiales con que trabajaba, y convertirlos en símbolos del sistema que ideó a lo largo de los años. Tal vez por eso sea tan difícil clasificar su obra, ponerle nombre y agregarle una etiqueta que lo inscriba en un movimiento de los que pueblan la Historia del Arte. Aún no se inventa el nombre de una forma de expresión en que los objetos que llegan a nosotros sean los fragmentos, los trozos restantes de aquello que usó un hombre para presentarse ante los demás y explicar sus ideas. 

   Mejor así.

   De eso, de sus ideas, trata este libro.
Joseph Beuys: Enterprise 18.11.72, 18:5: 16 en la web del Walker Art Center