jueves, junio 27, 2013

ESPERANZA

  La muerte siempre es una sorpresa y más si, en la puerta de tu casa, tienes un afiche con la cara del difunto.

  Más allá de que lamento el deceso de un gran artista (habiendo tantos pervertidos inútiles en el mundo), me sorprendió mucho la reacción de la gente ante esta noticia luctuosa. No diré que «por todas partes» leí u oí comentarios sesudos sobre las virtudes actorales de Gandolfini, pero sí diré que oí y leí muchas palabras de reconocimiento al talento de un gran actor que fue capaz de recrear la complejidad de un personaje extraordinario a partir de los gestos más pequeños. Hurgarse la nariz, alzar los hombros, parpadear, cerrar un puño, rascarse la espalda con una regla, sentarse a comer y apartar de un manotazo un florero, son acciones inocuas que, en el caso de Tony Soprano, tienen un valor muy especial porque marcan los matices de su carácter que es tosco y violento a la par que amoroso y delicado.

  Los mensajes que surgieron a partir de la divulgación de la mala nueva, daban cuenta de la carrera del gran actor que fue Gandolfini y hacían énfasis en esa cualidad que tenía para hacer que lo minúsculo adquiriera una enorme significación, rasgo que, además, explotó muy bien el equipo de escritores dirigido por David Chase.

  Ese reconocimiento a la importancia de los detalles, no sé por qué, me llena de algo parecido al optimismo. Por lo visto, no todo está perdido en este mundo. Todavía queda quien reconozca el gran arte cuando lo tiene en frente.