sábado, junio 15, 2013

EL ARTE DE LA DESAPARICIÓN

Joseph Beuys: Noiseless Blackboard Eraser; 1974 

  Ya no sueño con Nueva York. Sólo sueño con que me dejen ser una persona decente, con que no me molesten ni me sobresalten con tonterías disfrazadas de sello y pergamino. 

  Ya no sueño con colosos de mármol ni con óleos deslumbrantes. El David de Miguel Ángel y la Victoria de Samotracia los veré en otra vida o, como siempre, en las páginas fieles de mis libros o aquí, en la red, que es la realidad de los que tratamos de huir de la realidad.

  Ya no sueño con convencer a nadie de nada ni con participar en las discusiones de mi época. No deseo intercambiar invectivas sobre asuntos que en verdad me trascienden y me afectan. Si quienes me rodean, no ven el horror, no les importa o lo ven demasiado tarde, no puedo hacer nada.

  Mis sueños se han vuelto simples y prosaicos. Ahora sueño con un escritorio y una ventana, con una tarde de silencio y una nevera que contenga una jarra de té.

  Vengo de vuelta de la destrucción de un mundo que no sé si era mejor o peor, pero que ha ido desapareciendo debajo de una ola de paranoia estúpida hecha de guarismos y de gente tragándose entre ella. 

   La ola indigna...

  La ola contra la que no se puede luchar a menos que me borre, que me vuelva un hueco en mi hoja de vida, un vano que tenga la forma de un hombre siempre despierto.

  Ya no sueño con hacer nada útil.

  Debajo de la ola, lo útil perpetúa la iniquidad. Por eso no sueño. 

  O no le digo a nadie lo que veo cuando cierro los ojos.