miércoles, abril 24, 2013

UNAS BELLAS PALABRAS
  A todos los que decían que no había posibilidad de cometer irregularidades en los procesos electorales venezolanos.

  A todos los que decían que el juego era limpio y libre de engaños.

  A todos los que anunciaban que no perdíamos por trampas, sino porque aquéllos eran más que nosotros.

  A todos los que no vieron ni oyeron la verdad, pero que ahora la «descubren».

  A todos los que todavía no usan la palabra fraude.

  A todos los que creen que el supremo difunto ganaba sin fullerías...

  A todos los que, a propósito y valiéndose de sofismas, disculparon los abusos, justificaron lo injustificable, legitimaron el horror y se beneficiaron del caos.

  A todos los que dejaron de hacer lo que tenían que hacer en estos días.

  A todos los que se entregaron al desafuero de las emociones.

  A todos los que perdieron la fe porque no saben o no recuerdan que hay que seguir peleando.

  A todos los que no entienden nada de lo que ocurre y cuando encuentran a alguien que se los explique, no quieren oírlo porque lo que dice, no les resulta fotogénico.

  A todos los que ignoran la diferencia entre adular y hacer política.

  A todos los que creen que se las saben todas.

  A todos los que creen que siempre estarán atornillados a algo.

  A todos los que no pueden distanciarse del (que parece el único) tema venezolano.

  A todos los que confunden cultura y farándula.

  A todos los que creen que siguen siendo mayoría.

  A todos los que no se han dado cuenta de que hay un hueco en el aire.

  A todos los que se perdieron de sí mismos y, por un puesto, reproducen ignominias.

  A todos los gestores del reino de Judas en la tierra.

  A todos los que ganaron, pero perdieron.

  A todos los que perdieron, pero las malas artes hicieron que ganaran.

  A los tontos que repiten todo lo que oyen sin meditar ni producir una idea propia.

  A todos los que evitan hablar de trabajo.

  A todos los que no se han dado cuenta de que hablan de política porque les da terror ver dentro de sí mismos.

  A todos los que tienen la ilusión de que los libros salvan y nos hacen mejores personas.

  A todos los que opinan con ligereza, desinformación, ignorancia y mala fe, sobre los asuntos de mi país.

  A todos los que creen que la vida trata sobre estar cómodos y felices.

  A todos los que escriben sobre temas de actualidad y nada más que sobre temas de actualidad.

  A todos los que ponen cara de que esto no se lo esperaban.

  A todos los que se enamoraron de un inútil que, a su vez, ungió a otro inútil.

  A todos los que se burlan de los hombres que se ponen los pantalones a la altura del tórax.

   La imagen es de Carlos Quintana y se llama Abducción de un falucho en el puerto de La Guaira a partir de Bellermann; 2002