sábado, marzo 30, 2013

OTRA BREVE MEDITACIÓN
  Del presente sólo miramos la esgrima sin elegancia de la vida. No nos interesan el arte ni la música que se hace hoy. Nos interesan el arte y la música que se hicieron y se explicaron ayer, y que nos llegan con una especie de certificado de garantía que nos da tranquilidad.

  De esa tranquilidad nace la repetición de las formas, la repetición de las reseñas, la repetición de lo mismo, reempacado y redistribuido. Nace también la sensación de que todo está hecho, de que ya se dijo todo.

  En los ámbitos ajenos a las artes, la maleza que surge con los minutos tiene de sobra quien la registre y quien luego se solace con ella. Los periodistas y los consumidores empedernidos de noticias tienden a creer que el presente es el mundo y que todo lo que rebase sus fronteras, no interesa.

  Desbrozar el presente es la tarea más difícil e ingrata de todas cuanto se puedan acometer. Los registros que hacen posible la ilusión de que abarcamos la realidad, se mezclan con una implacable sambumbia de opiniones que flota en el aire. El resultado es una extraña desesperanza que vuelve adictos a quienes la padecen; adictos y renuentes a aceptar cuanto los aleje de esa ilusión que los exime de moverse, de trabajar, de tomar decisiones dolorosas que disuelvan la comodidad en que viven. 

  Porque vivir pensando que nada sirve, que nada tiene arreglo y que todo ya fue hecho, no es otra cosa que una manifestación vergonzosa de comodidad. ¿O no?

  Las artes tienen la extraña virtud de sacarnos de la selva y enviarnos a otros paisajes; además nos ofrecen la posibilidad de renovar los instrumentos con los que emprendemos la esgrima en el tremedal cotidiano.