lunes, septiembre 03, 2012

PARA QUÉ SIRVEN LOS MONSTRUOS
De lunes a jueves, a las ocho y media de la noche, Rodrigo y yo vemos por TCM la retransmisión de Los Expedientes Secretos X.

Ya vamos por la quinta temporada.

Aunque el programa tenga casi veinte años, sus historias producen el mismo desasosiego que caracteriza a los mejores relatos fantásticos. Ustedes saben: Poe, Beckford, Kafka, Meyrink, Lovecraft, King, Borges, Bioy Casares…

Rodrigo habla con fascinación de las dudas y de los miedos que le despiertan los fantasmas, los extraterrestres y los personajes extraños que pueblan la serie. Yo uso esos contenidos para hablarle de la vida y de cómo los monstruos de las historias más perturbadoras son pequeños e inocuos al lado de las bestias de tres y cuatro cabezas que pueblan el mundo real. Porque de eso trata este ejercicio: de usar la ficción para hablar de nuestras vidas, de usar los relatos en los que participan Mulder y Scully para hablarle a mi hijo de seis años de los peligros que nos asedian todos los días.

La vida no trata sobre ser felices; trata sobre permanecer atentos. Algo así decía Isaac Chocrón en alguna de sus obras, pero como ustedes saben, no es lo mismo citarle un libro a un chamo que comentar con él una escena en la que Mulder entra a un ático en tinieblas donde lo espera un gólem dispuesto a ahorcarlo.

Yo no sé ustedes. Yo prefiero que mi chamo tenga, desde ya, nociones de estos asuntos a que permanezca aislado de la maldad que hay en el aire.

Los seres humanos no tenemos garras ni colmillos ni ningún atributo físico especial. Nuestro cerebro es el arma más poderosa de que disponemos y la única con que vinimos a este mundo salvaje. Así que ver Los Expedientes Secretos X con mi hijo forma parte de su entrenamiento en el uso de esa herramienta congénita de supervivencia y, cómo no, de su educación en general.

En ese sentido, me gusta resaltar ante el joven Rodrigo el trabajo de la agente Scully.

Cada vez que vemos a la doctora Dana Scully caminando entre las sombras con sus pequeños tacones y su taller oscuro, le hablo a Rodrigo sobre cómo ella siempre trata de resolver todos los problemas que se le presentan a través del estudio y del conocimiento. No importa si esos enigmas tienen que ver con una espora asesina o con un mutante psicópata. Scully lo somete todo a la razón y no da crédito a lo que ven sus ojos hasta que recopila y enhebra los datos necesarios para encontrarle una explicación lógica a todo cuanto le acontece.

Aunque Scully lleva siempre consigo su pistola de reglamento, sus verdaderas armas son los libros, los microscopios, su instrumental médico-quirúrgico y el crucifijo que le regaló su mamá.
                    
Entre los episodios que han estimulado nuestros diálogos siempre salen a relucir el del soldado que se «escondía» en el punto ciego de sus víctimas, el de los hombres polillas y el del teliko, la criatura nativa de Burkina Faso que debía absorber con una cerbatana la pigmentación de otros seres para asegurar su supervivencia.

Y así vamos, viendo y comentando Los Expedientes Secretos X cada noche. 

Algún día habrá que reconocerles a los monstruos su ayuda en eso de hacernos amigos de nuestros hijos.