jueves, mayo 03, 2012

LEER LA MENTE

Llevo días en las páginas de Leer la mente. Leo con atención y me digo a cada momento que me gusta más Volpi ensayista que Volpi novelista. Debe ser porque percibo en sus párrafos el don de explicar de manera fácil aquello que es difícil. Para cultivar ese talento natural hay que tener por dentro una extraña mezcla de imaginación y conocimientos, aparte de una enorme elocuencia capaz de hacer del lenguaje una materia tan dúctil que contenga información compleja en palabras sencillas. 

Según Volpi, la ficción es una herramienta evolutiva que le ha servido a los seres humanos para crear distintas versiones de la realidad y, a través de ellas, hacerse preguntas sobre sus propias vidas. 

En este ensayo se explica que el cerebro es un instrumento que predice el futuro comparando la experiencia presente con una serie de patrones almacenados en la memoria. Esos patrones no son otra cosa que recuerdos y que, de alguna manera, la ficción proporciona patrones que provienen de las experiencias de otros. De esa manera, el cerebro encuentra insumos para reaccionar ante los distintos estímulos a que se ve sometido cada día. 

Una pausa que contiene unas cuantas preguntas importantes: ¿los patrones o recuerdos que proporcionan los cuentos, las novelas, las películas y las obras de teatro, son artificiales? ¿O, ya convertidos en patrones a ser comparados con estímulos presentes, no importa si provienen de la experiencia directa o de un relato? En esto de la creación de patrones mentales y de su posterior comparación con la información que recién entra al cerebro, ¿cómo quedan la poesía, la pintura y la escultura? ¿Cómo queda la música? ¿Qué clase de recuerdos o patrones suponen una sonata o una improvisación al piano? Cuando hablamos de ficción, ¿hablamos únicamente de historias con tramas, personajes, enclaves, narradores y demás? ¿De qué más hablamos cuando hablamos de ficción? 

(Esas últimas preguntas no están en el libro, pero están aquí y eso es lo que importa). 

Todo este intercambio de información me trae el recuerdo de un extraordinario documento que, hace un año, me envió mi amigo Enrique Enríquez. Se trata de un diálogo entre Jacques Derrida y Ornette Coleman en el que el músico le dice al filósofo que el cerebro es una conversación, un diálogo perenne con todo cuanto nos rodea en el que nos construimos a nosotros mismos. 

Para el saxofonista y compositor, el sentido de ese cotilleo mental tiene que ver con un proceso de metamorfosis, con transformar la información que recibimos a cada momento en nueva información, con desarmar los patrones existentes y rearmarlos, creando nuevos patrones a partir de un proceso que parece espontáneo, intuitivo e improvisado, pero que, en verdad, esconde una estructura creada a partir de experiencias y conocimientos. 

La estructura a la que se refiere Ornette Coleman no es otra que la del funcionamiento del cerebro humano. 

En Leer la mente, se enuncian algunos de los comandos que forman el marco funcional sobre el que se produce la «conversación» de la que habla el maestro saxofonista: 

1) En el cerebro todo está diseñado para regir el mantenimiento de la vida y el equilibrio entre los distintos valores físicos y químicos que la permiten. 

2) El cerebro se extiende por todo el cuerpo a través de redes nerviosas que garantizan la recepción de estímulos y la devolución de respuestas variadas frente al medio. 

3) El cerebro se anticipa al futuro a partir del almacenamiento de datos del pasado. 

4) El cerebro material evoluciona y produce una conciencia inmaterial e individual que trata de expandirse y de preservarse a pesar de la inexorabilidad de la muerte. 

5) El diseño de una inteligencia social que permite la cooperación entre distintos individuos y el aprendizaje de todos a partir del intercambio de experiencias. 

La mayoría de los temas que toca este libro son de una complejidad desesperante, pero, como Jorge Volpi los trata en aras de explicar la ficción como uno de los productos más depurados del cerebro, el hermetismo y la abstracción se hacen llevaderos. Ese quizás sea uno de los grandes méritos de este ensayo: libera a la ficción del pozo de facilidad en el que la encerraron los ministros del pragmatismo y de la seriedad estéril. 

Su lectura es amena y, si lo lees con atención, terminarás lleno de preguntas. Como debe ser. 

Jorge Volpi: Leer la mente; Alfaguara; Madrid, 2011, 168 Pp. En Caracas no se consigue gracias al control de cambio y a la genialidad gerencial de quienes deberían traerlo a estos predios.