viernes, abril 06, 2012

EL ARTISTA

El Artista es una película sobrevalorada. 

¿Por qué tratan de hacerme creer que El Artista es buena, si no lo es? El Artista no se parece a Metrópolis ni a Tiempos Modernos ni a El maquinista de la General ni a El gabinete del doctor Caligari ni al Viaje a la luna. Tampoco se parece a su referente más inmediato, que es Cantando bajo la lluvia, que no es una película muda, pero, como muchos de ustedes saben, trata sobre la transición entre el cine mudo y el cine sonoro. 

El Artista parece una película muda para gente que nunca vio cine mudo. Si esa era la intención de Hollywood (intención mesiánica, beatífica, educadora de las nuevas generaciones embrutecidas por los videojuegos y la televisión en HD), ¿por qué no contaron una buena historia? Ese es el punto: la historia que cuenta El Altista (así la llamaremos desde este momento) es mala, muy mala. Es un cuento plagado de lugares comunes disfrazados de «homenajes». 

Hollywood, como tantas empresas del mundo, necesita crear novedades para mantenerse vivo, pero con El Altista la novedad es volver al pasado. 

Visitar el pasado es una operación creativa válida, pero con El Altista se abusa, Se abusa porque se visita el pasado sin buscar nada ni querer introducir algo nuevo, algo que encuentre su propio brillo allá, donde todo fue. Así que la «novedad» de El Altista se volvió polvo en su propia concepción. 

Fueron al pasado a recrear las aristas de un melodrama mil veces visto. Para eso, nos hubieran reeditado los melodramas de antes y nos los hubieran reempaquetado y relanzado con bombos y platillos. 

O hubieran creado algo totalmente nuevo. 

No sé por qué, pero en este instante recuerdo Enemigos públicos, la película sobre John Dillinger con Johnny Depp que hizo Michael Mann hace unos pocos años. Debe ser porque trata sobre lo mismo que El Altista. En El Altista un exitoso actor de películas mudas padece el naufragio de su carrera porque surge la tecnología del cine sonoro. En Enemigos públicos, un experimentado ladrón de bancos se da cuenta del sinsentido de su profesión, cuando otro delincuente le habla de que se puede hacer más dinero, corriendo menos riesgos, montando centros de atención telefónicas en los que se recojan las apuestas ilegales de los empedernidos jugadores de todo Estados Unidos. 

Quizás y sólo quizás, con El Altista, Hollywood haya querido hablarnos de la actual crisis del negocio del cine. Ya no es el sonido el que vuelve obsoleta la tecnología del cine mudo; son internet y la piratería los que están volviendo altistas a unos cuantos ejecutivos de Hollywood, que no hallan qué hacer para mantenerse en la cresta del negocio, pero ni para hablar sobre ese asunto sirve esta película de marras. 

Mejor vuelvan a lo suyo, que son las películas chorizos. Si quieren arte de verdad, déjenselo a los verdaderos artistas.