martes, enero 31, 2012

«NO VEO POR QUÉ HE DE PRIVAR MI PALADAR DE ESCRITOR A LA HORA DE INVENTAR HISTORIAS»
Juan Carlos Chirinos por Daniel Mordzinski; Paris, octubre de 2010
Juan Carlos Chirinos habla sobre Nochebosque, su novela más reciente, y reflexiona en torno a las extrañas (y a veces prejuiciadas) relaciones entre ser escritor y haber nacido en tal o cual país.

¿Cómo surgió Nochebosque?
Una tarde en que iba caminado hacia uno de mis talleres, por una arboleda muy bonita, que oscurecía la calle. Pensé en Caperucita Roja; se me ocurrió una frase, y la apunté en el celular. No voy a decirte aquí cuál fue esa frase, porque me pareció tan nítida que tengo la sensación de que si la digo, se pierde toda la «gracia» de la novela. Quizá sea una superstición. Luego, una mañana en otra clase, para explicarles a los presentes cómo se prepara una novela, les esquematicé la que luego sería la estructura de Nochebosque. Creyeron que era algo que ya tenía hecho. No era cierto. Lo improvisé en ese momento; luego lo copié y me lo llevé a mi casa, a mi computadora, para convertirlo en un texto.

Nochebosque contiene, en clave de literatura fantástica, algunos objetos que se encuentran presentes en otras de tus obras (la nieve, la casa perdida en el paraje solitario...). ¿Qué pasó ahí: trasladaste esos objetos al mundo alucinado del relato fantástico o fueron ellos quienes te dieron la pauta sobre qué tipo de historia contar?
Creo que tiene que ver con algo en particular: La poesía de Eugenio Montejo. El niño malo cuenta hasta cien y se retira nació de Los árboles ese hermoso poema de Montejo. En Nochebosque también usé un poema de Montejo, En el bosque, como una de las «guías» del texto. Y que conste que entre ambas novelas median once años y dos novelas más, que permanecen inéditas. A partir de las imágenes montejianas, y teniendo la naturaleza «salvaje» como escenario en ambas —y el hogar incrustado en esa naturaleza— quizá hasta era previsible que se repitieran elementos: la nieve, la casa solitaria, los osos. Pero deben de haber algunas otras razones por las cuales esos elementos se repiten; lo fantástico, por ejemplo, que también se halla en la novela anterior, y mis preferencias en torno a lo fabulado, a lo mítico, por encima de un realismo puro, o político, o comprometido. No sé; si me pongo a pensar en ello, se me ocurren muchas razones para comprender cuáles son los patrones de mi escritura, y sinceramente no sé si eso es aconsejable.

¿Escribiste un relato fantástico por razones meramente literarias (porque te atrae el género) o hay algo más? Te lo pregunto porque hay quien dice que la literatura fantástica se refiere, de manera elusiva e indirecta, a hechos y circunstancias reales.
Esto no lo sé con certeza. Un amigo, ensayista y traductor estadounidense, Jonathan Blitzer, me dijo que le parecía curioso que yo hablara —y discutiera— tanto de política y de la situación de hoy en día, que tuviera tantas inquietudes en torno a la reflexión intelectual del mundo, pero que mis novelas se alejaran de la realidad con tanta nitidez. De hecho, él tradujo «Cabalgata de walkirias», que es de los poquísimos relatos míos en que toco de frente un tema «político» (un golpe de Estado), pero incluso este cuento es bastante metafórico. Tal vez esté algo contaminado con la idea de que la literatura tiene su propio universo; y estoy seguro de que me siento incómodo cuando alguien pretende que, porque soy venezolano —o peor, latinoamericano, ese tipo de gentilicios falsos que me disgustan tanto—, o porque soy mestizo, o porque soy de una determinada generación, estoy obligado a escribir sobre lo mío, esto es, mi tierra, mi historia política, mi historia nacional. Pues no; yo escribiré sobre lo que tenga que escribir cuando lo tenga que escribir en el formato que decida escribirlo y cuando a mí me apetezca hacerlo, desde una distopía fantástica como Robinson Crusoe hasta la novela criollista más histórica que se me ocurra, sobre Guacaipuro, pongamos por caso. Esto desde luego, no me aleja de la pasión que siento por la Historia, y por la historia de mi país, pues de lo contrario no habría escrito una biografía sobre Francisco de Miranda. Pero pareciera —a veces me lo parece— que llamarme Juan Carlos Chirinos, haber nacido en Valera y ser mestizo me obliga a escribir sólo ficción que verse sobre determinados temas, y me condena a evitar otros, esos temas «que no me corresponden». ¿Pero quién decide cuáles me corresponden y cuáles no? Aquí pienso que si Harry Potter estuviera firmado por Pepa Muñoz, a la gente le chocaría y se vería en dificultades para considerar verosímil Hogwarts, o si El niño del pijama de rayas  estuviera bajo la autoría de Paco Pérez, la gente pensaría que se trata de un libro de humor. Y visto así, se percibe un leve —y sin leve— tufillo etnocéntrico, absurdo de toda forma para mí, pues habiendo tenido acceso al amplio abanico de la literatura, del tarén pemón al haikú japonés, del relato «sucio» estadounidense a la exquisitez tolstoiana, del realismo documental y crítico a los experimentos de Jarry, no veo por qué he de privar mi paladar de escritor a la hora de inventar historias. Yo siento curiosidad por muchas cosas; culpa de mi dispersión genética: quiero escribir literatura gótica y novela histórica y ciencia ficción e intriga política; parafraseando a Terencio, quiero hablar de todo lo humano porque soy humano. Aunque tal vez esa sea una manera de convertir la literatura fantástica en un reflejo de hechos y circunstancias reales, siendo apocalípticamente integrado, como Ramos Sucre.

¿Estarías de acuerdo con Israel Centeno en afirmar que cada vez importa menos de dónde sea un escritor porque, a fin de cuentas, quien escribe, lo hace a partir de una raíz común que es la propia literatura?
Sí, es exactamente lo que estaba pensando al contestar la pregunta anterior; todo mana de la literatura —esa raíz común—, y quien se coloca ante su fluido se expone a toda ella, sin distinciones ni categorías. Y si lo dice Israel Centeno, ese maestro de la literatura en español de nuestra contemporaneidad, no puedo sino sentirme bien respaldado.

¿Te sientes un escritor venezolano o esa categoría dejó de tener sentido para ti?
Me siento venezolano. Ese es el origen de mi identidad. Y me siento escritor. Ese es mi trabajo.

¿Qué buscas como narrador al usar referentes de la literatura para niños y jóvenes?
Quizá, pienso ahora,  busco recuperar esa sensación de absoluto de cuando era un lector niño, de cuando fui un lector adolescente. Esa sensación que me encontré en Platero y yo (Jiménez) —el primero libro que leí en mi vida—, La rosa y el anillo (Thackeray), Ana Isabel, una niña decente (Palacios), El túnel (Sábato), El amor en los tiempos del cólera (García Márquez), María (Isaacs), los cuentos de Guillermo Meneses y tantos otros libros que me empujaron hacia donde estoy ahora. Tengo la impresión de que si logro atrapar esa sensación primigenia y lejana, lo que escriba será más auténtico, más cercano a lo que permanece en mi cabeza y que es sinónimo de esta frase: «el nítido alborozo de la primera lectura».
Juan Carlos Chirinos nació en Valera, Venezuela, en 1967. Es el autor de las novelas El niño malo cuenta hasta cien y se retira y Nochebosque; de los libros de cuentos Leerse los gatos, Homero haciendo zapping y Los sordos trilingües, así como de las biografías La reina de los cuatro nombres, Miranda, el nómada sentimental, Alejandro Magno, el vivo anhelo de conocer y Albert Einstein, cartas probables a Hahn. Vive y trabaja en Madrid.