viernes, enero 27, 2012

LA NECESARIA SERIEDAD DE LA MÚSICA
En el siguiente apunte no pretendemos rebanarle méritos a algo que los tiene de sobra, sino subrayar la particular relación entre el público y la música en la desaforada época que nos ha tocado vivir.

Mucha gente valora el trabajo de las orquestas juveniles como instituciones que alejan a los muchachos del ocio y de los vicios, pero muy pocas personas ponderan la música, que es, a fin de cuentas, la verdadera razón de ser de las orquestas del mundo entero. En Venezuela son muy pocos los asistentes que salen de un concierto dirigido por Gustavo Dudamel hablando de lo que les pareció, por ejemplo, el tercer movimiento de la Quinta Sinfonía de Mahler. Casi todo el mundo sale alabando al director y reduciendo la experiencia de la audición a dos o tres anécdotas simpáticas que no tienen nada que ver con la música que se acaba de escuchar.

¿Por qué en un país que se enorgullece de tener un sistema nacional de orquestas en el que se les enseña a los jóvenes a estudiar e interpretar con seriedad distintos repertorios, no se habla ni se discute ni se reflexiona a puertas abiertas sobre la música? ¿Es eso normal?

Atención: no estamos diciendo que en el seno de las orquestas no se converse. Decimos que una enorme fracción del público no parece interesada en esas conversaciones y que lo que en verdad parece interesarle es lo que de personajes de farándula han ido ganando los líderes de ese movimiento orquestal, valga decir: la lluvia de diplomas que reciben tanto en su país como en otros países, las constantes menciones en las páginas sociales de revistas y periódicos, la reiterada aparición en actos protocolares, el uso de sus respectivas imágenes para fines publicitarios, etcétera, etcétera.

Desde aquí no podemos decir a ciencia cierta cómo era la relación entre la gente y la música en otras épocas. Tampoco podemos asegurar de manera tajante cómo es en otros lugares del mundo. Lo que sí es cierto es que el acercamiento del público venezolano a la música orquestal (tanto antigua como contemporánea) es muy extraño. Valoramos de ella la disciplina que infunde en quienes la estudian y la posibilidad de convertirla en un arma para luchar contra flagelos sociales, pero no la hacemos parte de nuestras vidas en largas y atentas audiciones… Aunque vaya a los conciertos de la orquesta dirigida por Dudamel, mucha gente no compraría (ni bajaría de la red) sus discos y tampoco oiría esa música en su carro o en su casa. En realidad, va al concierto porque Dudamel es un personaje de farándula y no porque le interese la música de verdad.

Tal vez nos haga falta intentar elevarnos a la altura de las orquestas y dejar de creer que al mundo lo mueve la frivolidad. Tal vez también haya que abrir más canales musicales, más salas de conciertos y hacer que la presencia de la música orquestal sea tan diversa y tan elocuente como la del reguetón o la de cualquier otro estilo musical.

La música no anda sola; necesita de nosotros, los oyentes, y más vale que seamos serios, como ella misma, o algún día transitaremos (en eso también) los caminos de la nada y del ridículo.

9 comentarios:

Kira dijo...

por supuesto que la cosa es la farándula... Si no hubiera ese brillo de "celebrity" que tiene Dudamel, la gente que iría lo haría sólo por la música y posiblemente las entradas no se agotaran y no tendrías que hacer 3 horas de cola para comprarlas... Mira quizás esa farándula entre los miles que quieren ver a Dudamel le otorgue una epifanía musical a uno. Es mi mejor deseo. ¿Hace Leonardo Padrón con su celebridad que alguien compre sus poemas y quizás a algún otro poeta? Pues bien... Creo que es así con todo en nuestra patria, que hasta en su superficialidad es mediocre. Tendríamos que hacer un esfuerzo y elevarnos como dices, pero no sólo con la música sino en todo... qué me dices de la política... Abrazos desde Yakarta.

Anónimo dijo...

¿Dónde podría conseguir información sobre la relación vida-obra de Roberto Echeto para una exposición?

roger vilain dijo...

Hermano, "los caminos de la nada y el ridículo" tenemos rato pateándolos. Un abrazo desde esta Guayana, no por lejana menos fraterna.

victor_marin dijo...

Roberto,

Comparto mucho de lo que aquí escribes. He ido a ver a Dudamel antes y después de lo que Cerati llamaría su "temblor", así que he visto de cerca la actitud del público que lo va a ver. Aunque rechazo la frivolidad a la que haces referencia, también tengo esperanzas de que quien vaya a verlo impulsado por ese "faranduleo" salga tocado por la música que escuchó.

En fin, creo que bien pudiéramos hablar de este y otros temas en persona: sigue en pie la invitación que te hice por Facebook de tomarnos un café y hablar de rusos que hacen música maravillosa.

un abrazo,

Victor

ROBERTO ECHETO dijo...

Hola Víctor, ¿cómo estás?

Yo también tengo esas esperanzas (aunque no parezca). Por eso escribo estas líneas antipáticas y aguafiestas.

Carlos Pérez Cruz dijo...

Querido Roberto,

me parece absolutamente pertinente tu reflexión. Recientemente escribí sobre algo cuyas consecuencias son parecidas aunque el origen distinto. En mi caso el "fenómeno" de una cantante menor de edad que llenaba teatros (con presencia política incluida) y recibía todo tipo de elogios mediáticos. Nadie parecía valorar la irrelevancia musical de su caso.

Respecto al asunto que tratas. La maravillosa labor de integración social de los jóvenes mediante estas orquestas y la recepción social de las mismas me suscita una pregunta: ¿qué pasará cuando estos jóvenes tengan que valerse por si mismos? Porque, al fin y al cabo, hoy la atención no la suscita su valía artística, sino la razón social o política de su presencia en el escenario.

Otra reflexión que me suscita es la capacidad de movilización social que tiene todo aquello que es puesto bajo los focos mediáticos. Se intuye que la población (en un nivel alarmantemente masivo) es francamente manipulable. Para lo "bueno", pero también para lo terrible.

ROBERTO ECHETO dijo...

Hola Carlos. Me alegra mucho saber que estás de acuerdo conmigo en esto.

A mí me parece increíble (parece mentira, pero a mi edad estas cosas todavía me sorprenden) que la seriedad no llame a la seriedad y que la respuesta natural a casi todo lo difícil sea una actitud trivializadora, frívola y arrogante de parte de mucha-muchísima gente que juega, de manera irresponsable, a saberse todas más una.

Luego se preguntan por las razones que fomentaron y siguen fomentando tantas crisis y tantas debacles económicas, políticas y culturales a lo largo y ancho de este mundo loco en que vivimos.

Un gran abrazo.

Mary Carmen Argelich dijo...

Tu reflexión es cierta, y estoy de acuerdo con ella.
Quería asistir al FESTIVAL DE MAHLER en el teatro Teresa Carreño bajo la dirección de Gustavo Dudamel del 7 al 18 de febrero. Para ello hice 6 horas de cola o más. Mi desesperación no me permitió continuar de pie sin garantía de llegar a la taquilla antes de las 8 p.m., hora de cierre. Me fui sin entradas, pero tuve la oportunidad de conversar con las personas que se encontraban a mí alrededor. Manifestaron sus deseos de ver a Dudamel, pero no sabían nada sobre Gustav Mahler. Algunos decían que les sonaba el nombre, creían haberlo escuchado “por ahí”, en algún lugar del insólito universo. Sólo interesa el show Dudamel, quien es merecedor de mi admiración y respeto como director. Muy a mi pesar tengo que reconocer que en Venezuela lo único importante es ver a este director, disfrutar de su ímpetu e histriónicos movimientos, donde resalta su rizada cabellera sobre la calidad de la obra. Lo lamento…, y si alguien conoce música más hermosa que la Quinta Sinfonía de Mahler, díganmelo por favor.

ROBERTO ECHETO dijo...

Cuánto horror, Mary Carmen.

Y luego dicen que exagero.

Ante esas seis horas de cola, prefiero mi versión de la Quinta de Mahler dirigida por Giuseppe Sinopoli en mi carro, con aire acondicionado y a todo volumen por la Cota Mil.

Un beso.