lunes, noviembre 21, 2011

LAS MISMAS PREGUNTAS DE SIEMPRE
¿Para qué queremos que un escritor de nuestro país sea famoso más allá de nuestras fronteras? ¿En qué nos beneficia esa fama? ¿Por qué el éxito o el fracaso de alguien debe ser una preocupación nuestra? ¿Hasta cuándo esperaremos al ángel con lentes que legitimará nuestro trabajo?

No sabemos nada de más del 99% de los autores vivos que trabajan en el mundo entero. No sabemos quiénes son ni nos interesa. No sabemos qué han escrito y tampoco movemos un dedo por saberlo. Si eso es así, ¿por qué nos preocupa que tan poca gente conozca a nuestros autores en otras fronteras? ¿Qué nos daría el que uno de esos autores venezolanos escriba algo que interese a millones de lectores en todo el orbe?

No se trata de trivializar una preocupación sincera y, además, legítima. Se trata de dejar a un lado toda ingenuidad y preguntarse si podemos volver productiva esta cuita que tantos complejos engendra entre nosotros.

Preguntémonos por ejemplo: ¿es importante que a un país lo conozcan por las obras de sus artistas, por las hazañas de sus deportistas, por los trabajos de sus científicos? Claro que sí. Es importante para que mucha gente en el mundo sepa que existe tu país y que se trata, además, de un lugar donde se piensa, se hace, se trabaja, se produce… Evidentemente eso redunda a favor nuestro (y de manera imperceptible) en nuestra economía, en nuestras relaciones internacionales, en nuestro posicionamiento como lugar favorable para vivir y prosperar, aunque la existencia sea tan difícil como en el resto de nuestro planeta.

Un país del que sólo se conocen malas noticias (desastres naturales, revolcones socio-políticos, por mencionar un par de infortunios) no es igual a un país del que se conocen productos culturales. Los países de los que se conocen productos culturales interesan; los otros no. Suena duro decirlo, pero es así.

Todas estas disquisiciones tienen algo de inútil. Por eso hay que hacerlas y tomarlas con cuidado. No hay que olvidar que el deber de los artistas consiste en desarrollar sus ideas, convertirlas en proyectos y concretarlas en obras. Hacerse famosos o no es una fracción muy pequeña del camino y, tal vez, lo único que pueda identificarse con el éxito en su trabajo sea aquello que les permita seguir concentrados en sus asuntos.

Así que no tiene mucho sentido lamentarse porque a los escritores venezolanos no se les conozca más allá de nuestras fronteras. Lamentémonos, más bien, porque dentro de nuestras fronteras se les conoce muy poco y porque las condiciones invisibles que flotan sobre nuestro país hacen que escritores, artistas, deportistas, científicos y demás creadores no puedan «vivir de» ni «concentrados en» sus respectivos oficios.

Pero dejemos el tono lacrimoso. El mundo evoluciona a una velocidad que no perciben los enfermos de impaciencia. Entre nosotros han sucedido cosas buenas e interesantes que, de seguro, se multiplicarán en el futuro. Sólo hay que seguir adelante a pesar de los horrores de todos los días, y preguntarnos lo que debamos preguntarnos sin aspavientos.