domingo, agosto 14, 2011

ROBERTO ECHETO EN DIEZ PREGUNTAS
Jaime Bello León
¿Cuán afinado tiene que tener un escritor el oído y los demás sentidos?
No sé si son ideas mías, pero creo que un escritor debe aprender a afinar sus cinco sentidos en dos direcciones: una hacia fuera y otra hacia dentro. La primera lo conectará con la calle, con los aromas del mundo, con el sfumato de texturas que hay en el cuerpo de una hormiga, con la sinfonía de sabores de cada mediodía, con la belleza o la fealdad de las paredes, con lo que hacen las demás personas; con lo que dicen y cómo lo dicen por teléfono, en el carro, en el cine, en el baño o en cualquier región extraviada de este o de cualquier otro planeta… La segunda dirección llevará al escritor a la oscuridad de su propia máquina, a esa zona extraña en la que debe trasmutar en palabras las imágenes de la vida. En ese juego constante entre adentro y afuera, entre experiencia y vocabulario, se encuentra el núcleo de la escritura. Para decirlo claro: quien ocupe su cabeza con párrafos y palabras, terminará viendo, oyendo, oliendo, saboreando y palpando más, y viceversa: quien viva con mayor intensidad, necesitará de más palabras para contar sus experiencias. Tal es el secreto de la imaginación.

Supongo que ya se dieron cuenta. La gran afinadora de los cinco sentidos es la lectura.


¿Cuál ha sido tu mayor reto como escritor? ¿La técnica de la escritura? ¿La capacidad de imaginarte tramas, personajes, historias?
Todos los que te rodean, sin importar si te quieren o no, atentan contra que te sientes a escribir una historia: tus hijos, tu esposa, tu mamá, tu suegra, tus amigos, tu jefe, tus alumnos, el vendedor de enciclopedias, los zancudos, el calor, las malas noticias, los vecinos que no pueden vivir sin mandar a tumbar una pared, el chat de Gmail, el vendedor de enciclopedias otra vez… Todo se opone a que escribas: te pagan poco (si es que lo hacen), se ríen de ti, te creen loco y no ahorran epítetos si manifiestas tu deseo de no querer ir a la playa porque prefieres quedarte sacándole brillo a una historia… Superar todos esos obstáculos y hacer eso que deseo hacer, que es escribir, es mi mayor reto cada día de esta vida. Lo demás (las técnicas, el diseño de las tramas y de los personajes) presenta distintos grados de dificultad, pero nada es comparable a tratar de concentrarte mientras tu hijo te llama ciento quince veces para que veas el monstruo con el que pelearán Ben, Gwen y Kevin en Supremacía Alienígena.


¿Eres de los que desechas muchos borradores?
Sí, claro. De eso trata este oficio: de releer, de corregir, de cortar, de borrar, de volver a leer y de reescribir, aunque te mueras de la rabia y de la ansiedad. Desecho versiones y más versiones que, en distintas etapas del proceso de escritura, consideré «perfectas». Escribir es ingrato.


¿Cuál es tu hora favorita para escribir?
No tengo «horas favoritas». Trabajo todo el tiempo. Siempre ando con cuadernos o libretas a mano. Vivo haciendo anotaciones, escribiendo pequeños párrafos, dibujando… En el momento en que me dejan, y que tengo en mi cabeza el plan completo de lo que quiero contar, me siento, organizo todo el material y comienzo a escribir rápido, muy rápido, y en silencio, para que nadie se dé cuenta de que estoy trabajando. Si se dan cuenta de que estoy trabajando, me interrumpen; me mandan a comprar arroz chino o a cambiar pañales.


Si tuvieras que seleccionar un personaje de tu libro de cuentos La máquina clásica para que te representara en un evento de literatura, ¿cuál escogerías? ¿Y para que te representara en una reunión de junta de condominio?
Por lo general, los eventos literarios son muy parecidos a las reuniones de condominio. La única diferencia es la cara que pone la gente. En los eventos literarios, los asistentes suelen asumir las facciones de quien vive una experiencia mística, aunque en realidad estén pensando en botar al conserje del edificio. En las reuniones de condominio, los vecinos están pensando en botar al conserje mientras ponen cara, justamente, de querer botar al conserje por inútil, por mandar a cortar el agua a las seis de la mañana y por vender celulares robados en la conserjería. Para ambas reuniones, sin lugar a dudas, enviaría al Capitán Gangrena.


De la literatura, en general, ¿cuál es tu título favorito? ¿Un personaje entrañable? ¿Por qué?
Mi personaje entrañable de hoy es Antígona. Entre lo correcto y lo debido, Antígona decidió hacer lo correcto, aunque eso le trajera consecuencias horribles (su tío Creonte ordenó emparedarla debajo de una montaña y, creyendo que nunca saldría de ese encierro, se suicidó). Ya no quedan personajes así, ni en la literatura ni en ninguna parte. En cuanto a escoger un título de la literatura universal y pegarle la etiqueta de «favorito», seré fiel y diré que La trama celeste, de Adolfo Bioy Casares, es una obra maestra, un libro que me deja sin aliento cada vez que vuelvo a sus páginas.


¿Cuándo estás desanimado qué te da fuerzas para seguir adelante?
Mis discos de Iron Maiden.


¿De qué te gustaría proteger a tus hijos?
De la estulticia universal y del mal que se disfraza de bien. Más que protegerlos, debo enseñarles a vivir con los ojos bien abiertos porque ése es el sentido de la vida. No olviden que «vinimos a este mundo a permanecer atentos y a hacer el ridículo».


¿Estás satisfecho con la edición de La máquina clásica?
Estoy feliz, aunque consciente de que apareció en uno de los momentos más raros y difíciles de nuestra vida. No obstante, creo que, de Sófocles para acá, la literatura sirve para ayudarnos a lidiar con la oscuridad de ciertas épocas y para enseñarnos a resistir los embates del caballo de barro, a no ser tontos ni débiles ni demasiado confiados. No sé si los lectores encontrarán eso en este libro, pero yo me encuentro satisfecho porque escribí exactamente lo que quería escribir.


¿Sigues detestando la arena de la playa?
Sí, pero con menos fuerza que antes.