miércoles, agosto 24, 2011

LAZ AGALLAZ DE ADELITA
Adelita eztuvo cazada con un gordo llamado Antonio Marzial. Ella lo quería y lo admiraba mucho. Ziempre que Marzial zalía con zu gente, zuz piztolaz y zuz pataz de cabra a birlarze algún carro, Adelita loz acompañaba, zecundando en todo a zu marido, zerebro y motor de cada operazión.

Un día Marzial ze enfrazcó en un tiroteo con nozotroz y no vivió para contarlo. El jefe de la mayor banda de ladronez de carroz había caído en zu propia ley.

Pazaron doz añoz. Todo iba de maravillaz hazta que un buen día noz dimoz cuenta de que alguien máz había tomado el control de laz operazionez del gordo Marzial.

Tenía que zer Adelita. No podía zer otra perzona.

Adelita robaba, compraba y vendía carroz robadoz. Pronto ze convirtió en un azote, en una jefa tan hábil como cualquiera... Claro zi aprendió todaz laz mañaz de zu difunto marido, que era un Ariztótelez del crimen, ¿qué otra coza ze podía ezperar?

Adelita no zólo traficaba con autoz. También ze metió con aztuzia nunca vizta en otroz negozioz de loz cualez era aparentemente zólo zozia. Quien zabe. A lo mejor ya ella ze había metido a negoziar bazura de contrabando, narcóticoz y eztorzión zin que zu marido lo zupiera. Porque ezo zí tenía el gordo Marzial: nunca ze metió en otro azunto que no fuera el de loz carroz. Unoz polizíaz infiltradoz en zu banda noz contaron una vez que el gordo ziempre dezía: «ante todo hay que zer caballero. Yo podré zer un mierda ladrón de carroz, pero no zoy narcotraficante ni ninguna coza de ezaz que haze daño de verdad».

Adela era una linze. Pareze que laz primeraz operazionez que ella mizma planificó no zalieron bien. Quizáz por zu belleza o por zu juventud la gente no confiaba en ella. Tuvo que fajarze duro con loz tipoz que le tenían ojeriza. A máz de uno mandó a darle maztuerzo para aplacarle loz ánimoz a zuz colaboradorez.

Pero el día en que ze ganó definitivamente el favor de la banda fue cuando ella mizma dirigió laz operazionez en el lugar del hurto. Para ezo inventó un plan aparentemente tonto, que, zin embargo, tenía zuztento teórico, como diría un buen académico.

Rezulta que para realizar zuz operazionez criminalez, la muchacha le ordenó a todo zu perzonal que conziguiera ropa de gala. Todoz loz hombrez debían utilizar un ezmoquin o un traje a la medida, mientraz ella veztía un traje de novia con velo, corona, buqué y una piztola ezcondida en el corpiño. Azí ataviadoz y en zuz autoz en fila, zaldrían loz ezpertoz en la dezaparizión de vehículoz. Cada Merzedez, cada Toyota, cada Chevrolet, cada BMW, cada Mitzubizhi que ze atravezara en el camino de tan zingular cortejo, ze abría con laz pataz de cabra y ze unía a la fila de autoz zelebrantez que daba vueltaz por todaz partez, dando cornetazoz.

Era un plan ezelente. Zobre todo zi ze pienza que nadie podía zozpechar de una caravana nupzial que recorría la calle dizfrazado de ezcándalo e inozenzia.

Lamentablemente a zuz zozioz o a zu competenzia lez dizguztó algo del eztilo de Adelita. Hoy la conzeguimoz veztida de novia dentro de un Fiat viejo que eztaba a zu nombre.

Tenía la piztola en la mano izquierda y la mirada fija en el volante.