viernes, junio 17, 2011

MISSING
A pesar de mis reticencias de lector al que no le gustan los libros contemporáneos en los que se cuentan los entretelones de la escritura de esos mismos libros (ya basta de autoficción), me agradó mucho Missing. Pasé horas placenteras entre sus páginas, preguntándome cómo fue posible que el tío Carlos Patricio se largara de su casa y que durante veintitantos años su familia no se hubiera dedicado a buscarlo ni a preguntarse por su paradero. Pues bien, este libro-engendro que es novela, pero también crónica, entrevista, testimonio y quién sabe cuántas cosas más, trata de ofrecer algunas respuestas a esa y a otras preguntas que desnudan no sólo las intimidades del tío Carlos, sino de toda una familia que abandonó su Chile natal para irse a los Estados Unidos a buscar la prosperidad perdida.

Quizás lo más inquietante de este libro, y lo que lo convierta en una obra notable, sea justamente la relación entre el protagonista y su familia. Obsérvese que el libro cuenta la historia de cómo el único de los Fuguet que se interesa por conseguir a la oveja descarriada, lo hace veintitantos años después de su huida. Nadie antes que el sobrino escritor movió un dedo o se apartó de sus obligaciones para ir a ver al hijo o al hermano desaparecido de la faz del planeta. Todos estaban muy felices, muy imbuidos en sus ocupaciones, en ganarse sus vidas y en pagar todo lo que debían pagar como si no hubiera otras cosas, como si nada más valiese la pena, como si el sueño de una casita, de un trabajito, de una vidita y de unos dolaritos fuera más importante que el amor a la familia, con todo y lo extraños e insoportables que pueden llegar a ser algunos de sus miembros.

A pesar de los pesares (incluso de los convenientes retoques que el narrador y la ficción le otorgan), el tío Carlos es un gran personaje. Lo es porque hizo de su redención personal una suerte de divisa y porque, al ser oriundo de un país en el que la palabra «desaparecido» trae los más amargos recuerdos de una dictadura militar, sorprende el que se le aplique a alguien que decidió liberarse de tener que vivir el sueño de otros y buscar su propio camino, aunque nunca supiera con exactitud qué buscaba ni qué quería más allá de esa liberación, y que su vida terminara pareciendo una ristra interminable de derrotas o, por lo menos, de trabajos intrascendentes que no lo llevaron a ningún logro material.

Más allá de los detalles de edición y del autobombo que se prodiga el propio autor en más de una página, Missing es un gran libro al que vale la pena dedicar tiempo y lectura.