jueves, junio 23, 2011

 LA MALA SINCRONIZACIÓN
Anish Kapoor: Cloud Gate; Millenium Park, Chicago

Tener un preludio urgente en plena cola para pagar en el supermercado puede ser horrible... La gente anda tranquila y tú sudando frío, con las piernas cruzadas y la piel de gallina.

Nada peor que tener un preludio en casa de tu novia. (¿Por qué cuando uno tiene un preludio en su casa, lo despacha de manera rápida y silenciosa y, cuando lo tiene en casa de la novia, lo concreta de manera ruidosa y lenta? No faltará quien abra la llave del lavamanos durante cinco o diez minutos para mitigar el escándalo).

Entre la visita que llega a tu casa no falta alguien con un preludio. Lo peor es que luego te llaman porque se acabó el papel u ocurrió un accidente con la tubería.

Mi esposa no resuelve sus preludios en casa de sus suegros porque siempre termina pidiendo un tobo de agua.

Terrible es que te dé un preludio en tu propia casa y que no haya dónde concretarlo porque los recintos para hacerlo están ocupados. Ese día sabrás lo útiles que son las papeleras.

Un preludio en una oficina sin ventanas o con ventanas que no se abran, puede llegar a convertirse en otro Titanic.

Resolver el preludio en el monte, a orillas de una carretera, puede llegar a ser vergonzoso, sobre todo si no has ido a la playa en años o te desbarrancas montaña abajo.

Nada peor que a tu hijo le dé un preludio en el banco, en la escalera de un edificio, en el estadio, en el mercado, en la casa de alguien a quien no conoces muy bien o en un autobús rumbo a Barquisimeto. Los niños son expertos en tener preludios cuando no deben.

Entrar a un recinto donde alguien acaba de dejar no sólo el preludio, sino la ópera completa con todo y sinfonía y motetes, puede producir marcas imborrables en la psiquis.

Al doctor Xabier, C.E.O. de los X Men Jurídicos, le dio un preludio dando clases en la Universidad del Xaber. ¿Qué les dijo a sus alumnos? «Muchachos, yo ya vengo».

Andar en plan romántico y tener un preludio son dos estados no compatibles del ser.

Mi papá regresó de la playa con el torso desnudo y un sinfín de cervezas entre la calva y las plantas de sus pies. Cuando le preguntamos por la camisa de flores que se había puesto en la mañana, nos dijo que tuvo que sacrificarla porque se le presentó un preludio en el sitio menos adecuado del universo.
—¿Y dónde estaban?
En una licorería.