miércoles, mayo 25, 2011

UNA ADVERTENCIA FUGAZ
De todas las habladurías que vienen detrás de las noticias las que más me han impresionado son las que tienen que ver con la muerte de Osama Bin Laden.

Me explico mejor: en mi país y en un montón de lugares no faltan los sofistas que hablan de la operación que acabó con la vida del líder de Al Qaeda como de un asesinato. Los que así se expresan se olvidan de lo insignificantes que somos los ciudadanos normales y lo lejos que estamos de las decisiones que toman los jefes de estado. En otras palabras, quienes hablan de asesinato, hablan como si ellos hubieran estado en Abbottabad y hubiesen visto con sus propios ojos la secuencia de hechos que sacó de su sitio las entrañas de un abominable terrorista, obviando que, de haber ocurrido la operación militar tal cual como se nos narró, el tal terrorista y sus secuaces pudieron desenfundar armas, resistirse al arresto y tratar de huir.

En este caso, usar la palabra asesinato es una cosa y lamentar que no se hubiese podido poner a un delincuente frente a un tribunal debidamente instalado es otra muy distinta.

No sé si quienes usan el lenguaje de una manera tan alegre entienden el panorama.

Estamos ante algo que pone en vilo aquello que pensamos acerca de la vida y de la muerte; algo que cuestiona nuestra concepción de la moral, del trato que debemos darle a aquellos que nos han deseado y hecho mal, de la información que los gobiernos y los cuerpos de seguridad deben suministrarnos a los ciudadanos. Estamos ante una circunstancia que nos obliga a enfrentar preguntas sobre los alcances de la justicia, sobre los modos de imponerla y sobre si es posible luchar contra el terrorismo dentro de la ley.

Que las respuestas a esas preguntas susciten argumentos de todos los colores no tiene nada de raro. Lo extraño y criticable es que, de buenas a primeras, se hable y se use la poca información de que se dispone para hacer política barata y para sembrar el relativismo que no condena a los verdaderos terroristas y que fustiga sin preguntar, sin leer ni informarse en profundidad, las acciones que se toma para reducirlos.

El mundo se enfrenta a una de las amenazas más serias y despiadadas que se haya visto jamás. De manera que debemos ser cuidadosos a la hora de analizar los hechos que rodean a esta guerra especialmente oscura y de emitir nuestras opiniones insignificantes de personas mal informadas sobre asuntos demasiado gruesos como para asumirlos a la ligera.