viernes, marzo 04, 2011

PORQUE NUESTRO DRAMA NO LE INTERESA A NADIE

 Seremos los aguafiestas de los estúpidos, los azotadores de los ingenuos y los pesimistas de costumbre.

 Pondremos caras de que no sabemos quiénes son los ladrones.

 Nos mantendremos ocupados y lejos de la pesadumbre.

 Nadie verá los monstruos que vemos todos los días, lo cual no será impedimento para que hablemos de ellos todos los días.

 Intentaremos pensar por nosotros mismos y ver más allá de la niebla de palabras vanas que flota en el aire.

 De vez en cuando sacaremos a pasear a la mula que vive en cada uno de nosotros, no sea que la mula comience a masticar nuestra propia alma.

 Enmascararemos nuestros pensamientos y nadie sabrá lo que en verdad deseamos.

 Nos quedaremos solos mientras nuestros amigos se largan a otros países.

 Nos quedaremos con los bárbaros y con los idiotas que esbozan las explicaciones más extrañas a los hechos más bizarros.

 Soportaremos que los amigos que se fueron, «nos expliquen» lo que pasa aquí.

 Veremos la degradación de las cosas, el esfumato de los espíritus, el cierre de todo cuanto existía y su sustitución por una nube de mediocridad.

 Nos acostaremos a dormir temprano y encontraremos en el sueño la única redención posible.

 Seremos parcos y sólo nos reiremos lo necesario, aunque al mundo lo mueva la máquina de halar bolas.

 Seguiremos advirtiéndoles a los incautos el futuro que se avecina, aunque nos tilden de locos y de exagerados.

 Inventaremos historias protagonizadas por nuestros ombligos.

 Nos encerraremos en la música, en los libros y en todo cuanto nos haga creer que existen otros mundos.

 Azotaremos a los repetidores de lugares comunes.

 Nos aferraremos a las manifestaciones más sencillas de la belleza y del amor.

 Seremos cuidadosos con las palabras y con los hechos.

 Tendremos fe en Dios y en el azar porque cualquier día, sin explicaciones, el panorama puede cambiar para mejor.

 Seguiremos viendo y leyendo las opiniones flojas que los imbéciles de otros países tienen sobre lo que pasa aquí.

 Haremos lo posible por ayudar al prójimo, aunque el prójimo no sepa que necesita ayuda o no quiera recibir ayuda (porque la ignorancia siempre es arrogante).

 Congelaremos una parte de nosotros mismos y aprenderemos a moderar nuestros deseos.

 Seguiremos siendo refractarios a los sofismas que dan por bueno lo malo y lo malo por bueno.

 Viviremos aferrados a nuestros sueños y trataremos de hacerlos realidad cueste lo que cueste.

 Seremos maestros en el arte de hacernos los estúpidos.

 No nos desgastaremos en cruzadas inútiles.

 Miraremos para otro lado cuando el injusto caiga.

 Mentaremos madres en público y en privado.

 Alimentaremos ilusiones apoteósicas a las que daremos apariencias modestas.

 Mantendremos cerrados los postigos de nuestras casas y abiertas las ventanas de la fe y de la razón.

 Haremos lo posible por confiar en los demás, pero a la menor traición o fisura, cortaremos las amarras.

 Haremos esfuerzos gigantescos para impedir que a nuestra autoestima le salgan lombrices.

 Sospecharemos de los apóstoles del optimismo y de los que creen que las estatuas se derrumban solas.

 Pelearemos en silencio para que nuestro pequeño mundo no desaparezca.

 Leeremos una y mil veces la escena en la que Odiseo arma su arco y les da su merecido a los pretendientes que querían quedarse con su casa.

 Les diremos mequetrefes a los mequetrefes y sinvergüenzas a los sinvergüenzas, doquiera que estén.

 Beberemos y reiremos cada vez que podamos porque la vida tiene miles de caras y porque un millón de cuitas no valen un momento de solaz.

 No orbitaremos alrededor de soles muertos.

 Viviremos atentos porque cualquier día ladrará la jauría invisible.