Estamos en un momento raro y convulso.
Tal vez sea hora de contradecir a Marilyn Manson y proponer que no es que en esta época hay más recursos para documentar la barbarie y las desgracias, sino que hay más barbarie y desgracias juntas que antes. Si no lo creen, repasen los desastres de estos días.
Tal vez sea hora de contradecir a Marilyn Manson y proponer que no es que en esta época hay más recursos para documentar la barbarie y las desgracias, sino que hay más barbarie y desgracias juntas que antes. Si no lo creen, repasen los desastres de estos días.
Un terremoto.
Un maremoto.
Cuatro reactores nucleares con las paredes agrietadas y a punto de caramelo.
Un dictador desfigurado por el mal y las cirugías plásticas ordena bombardear a sus paisanos que no lo quieren como gobernante.
Los gobiernos de ocho o nueve países deciden bombardear al país cuyo dictador desfigurado por el mal y las cirugías plásticas arrasará con todo, si no lo dejan gobernar hasta el final de los tiempos.
Unos estudiantes en quienes se funden la ingenuidad y el coraje, se cosen las bocas para acentuar la huelga de hambre que llevan a cabo desde hace veintitantos días.
La AH1N1 contraataca.
Una bomba estalla en Jerusalén y mata y hiere a un montón de personas.
Y todo en siete u ocho días.
Es mucho y sabemos que de aquí a la próxima semana, habrá más.
Apretémonos los pantalones, soportemos el peso de la adversidad y pensemos en lo frágil y triste de nuestra condición.

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