miércoles, marzo 23, 2011

MONSTRUOS REALES
Las desgracias tienen el poder de hacernos mirar en retrospectiva y reordenar las cadenas de acontecimientos para convercernos de que cuanto ocurrió era inevitable. Tal es el magnetismo que tiene el horror.

La fatalidad nos hace creer que al mundo lo rige un oscuro y grotesco plan para exterminar la vida. Vemos lo que ocurre en la planta nuclear de Fukushima, en Japón, y de inmediato pensamos que el terremoto y la ola destructora se produjeron para que las paredes de los reactores se agrietaran y la muerte se expandiera aún más.

En estos momentos de dolorosa angustia los seres humanos dejamos de lado todo cuanto nos diferencia y deseamos que los esfuerzos para detener la lenta y segura corrosión que se avecina sirvan para algo.

De lo contrario el veneno flotará en el aire, invisible y se unirá a las fuerzas destructoras de la tierra y del mar que azolaron en pocas horas a un país.