lunes, noviembre 29, 2010

La lluvia salvaje y pertinaz cae sobre la tierra. El agua que azota los asfaltos, impide el afán de nuestras vidas pequeñas, mientras los árboles se ríen con sus pies hundidos en charcos que anegan los relojes muertos de los días.

El cielo lleva un sayo gris.

Las puertas del aire se abren a las oraciones que, entre gritos mojados, ponen a flotar los hombres.

La lluvia salvaje y pertinaz cae sobre la tierra. La normalidad se hunde. Las muñecas desaparecen entre las aguas. Los árboles se ríen.

Y nosotros crujimos.

viernes, noviembre 26, 2010

EL LABORATORIO SIGUE ABIERTO 
Veo que este blog tiene más de cinco años. Me pregunto qué sentido tiene mantenerlo abierto, si los blogs se pusieron viejos y los toman menos en cuenta que otras plataformas.

Pronto me callo y me digo que por eso mismo (y porque me gusta publicar mis escritos y mis cosas aquí) debo mantenerlo en línea.

La experiencia de trabajar en este espacio ha sido más que satisfactoria. He entablado amistades, me he divertido, he fastidiado al prójimo...

Cada vez que alguien me pregunta algo sobre este lugar, le explico que mi blog es como un taller abierto, como un laboratorio de escritura que, al menos a mí, me hace falta.

Así que, pase lo que pase, aquí estaremos despachando, como siempre.

lunes, noviembre 22, 2010

STRAVINSKY
No sé cómo, pero he vuelto con placer y felicidad a Stravinsky. El pájaro de fuego, Petrouchka, el Ebony Concerto, estaban ahí, en mi modesta discoteca, esperándome desde hace unos años para decirme que la música es una sola y que, donde menos te lo esperes, habrá una melodía, una frase, un ritmo, agazapado y presto a hacerse tuyo, a convertirse en motor de tu memoria musical y en rasero para medir cuanto entre por tus orejas.

La obra de Igor Stravinsky es una fuente inagotable de un tipo de belleza moderna, de formas que preludiaron muchas de las estructuras que forman parte de las artes y de las músicas de nuestra época.

Lo repito y lo repetiré: uno no debe alejarse de las fuentes de la belleza.

jueves, noviembre 18, 2010

AMANECER MARCIANO 
Amanecer marciano después de una noche de insomnio en la que las muñecas se hundieron en las aguas oscuras y el cielo se derritió mil veces.

miércoles, noviembre 10, 2010

COMER, REZAR, AMAR Y MI ABUELA ELVIA
Mariana me lleva al cine. Vemos Comer, rezar, amar una película para jevas protagonizada por Julia Roberts. Mentiría si dijera que no la disfruté a pesar de que hubo cosas que no entendí.

Lo primero que está fuera de mi comprensión es que esta película se parece mucho a Bajo el sol de la Toscana, con Diane Lane. En otras palabras: el mundo de las películas para jevitas parece tan o más limitado que el mundo de las películas de acción con sus tiros, sus explosiones y sus increíbles peleas de kárate.

En Bajo el sol de la Toscana, la protagonista se divorcia y, como no puede con el despecho, se va a Italia, alquila una casa e inicia un proceso de análisis personal que la lleva a reencontrar su paz interior.

En Comer, rezar, amar, Julia Roberts se divorcia, se consigue un novio, rompe con ese novio y, como no puede con la abulia, se va a Italia, a la India y a Bali.

¡Qué despechos tan sabrosos! Se divorcian de sus maridos y se van a darle la vuelta al mundo. Igual que miles de mujeres reales que viven en el mundo real… Así cualquiera se divorcia.

(Y ahora un mensaje que no tiene nada que ver con el tema que estamos tratando. ¿Por qué hay tantos mochos en nuestras ciudades? ¿Qué está pasando debajo de nuestro cielo para que a tanta gente le corten una pierna, un brazo o un pie? A ver si se cuidan, ¡coño!).

Lo otro que no entiendo es la relación que existe entre divorcio y búsqueda espiritual. Seguramente ustedes me dirán que esa relación es obvia; que como la personaje no se siente bien consigo misma, pues tampoco puede sentirse bien con su esposo o con su novio y fúquiti-fúquiti-fan. Igual no entiendo cómo Julia Roberts termina en la India meditando frente a la fotografía de una gurú que, además, vive en Nueva York.

Pero bueno… Ese soy yo, que me encanta buscarle las dieciocho patas al gato.

Más allá de la similitud argumental de Bajo el sol de la Toscana y de Comer, rezar, amar, hay algo que me perturba más en la segunda película que en la primera. Se trata de la inmadurez disfrazada de despecho mezclado con otras cosas más filosóficas que muestra la protagonista.

El personaje que interpreta Julia Roberts parece atormentado por algo, por un numen invisible, que la hace no soportarse a sí misma ni asumir compromisos duraderos ni querer a nadie de verdad. Películas como ésta lo que hacen es darle un diploma de aceptación social a ese manganzonismo contemporáneo que hace que una persona de treintitantos o cuarentitantos crea que será joven por siempre y que al amor y a la felicidad no tienen por qué salirle pelos ni verrugas, como, de hecho, les salen, aunque te cases con un príncipe millonario y azul.

Viendo Comer, rezar, amar recordé a Elvia, mi abuela maracucha, que levantó a seis muchachos ella sola y jamás usó la palabra «depresión» ni ninguno de esos términos psicológicos sobre los que se abusa y se habla y se habla paja en esta época en la que a una masa infinita de gente no le da pena mostrar sus debilidades ni decir en público que no desea superarlas.

¿Elvia yéndose a Italia «a pasar el guayabo, que es como decir la depresión postdivorcio»? No me hagan (o, más bien, no la hagan) reír.

Comer, rezar, amar tiene otro detalle detestable. La novela de Elizabeth Gilbert y la película de Ryan Murphy son, respectivamente, una novela y una película de autoayuda y superación para mujeres.

Yo no voy a apostrofar aquí contra la autoayuda y superación porque, en verdad, no estoy en contra de la autoayuda y superación. De lo que sí me quejo es de la autoayuda y superación predecible, fácil y aburrida, que se disfraza de cuento de hadas con paisajes hermosos y platos enormes de espaguetis.

Ah… Y que le da chance a Javier Bardem a hacer de galán a pesar de su cara de mesonero.

domingo, noviembre 07, 2010

ENTREMESES
El ascensor llega sólo cuando ya has bajado diez escalones después que te hartaste y te fuiste por las escaleras.

Hay sequía y sólo llueve cuando lavas el carro. Eso nos lleva a pensar que cuando haya una larga temporada sin lluvia, debemos estimular la creación de un autolavado colectivo en algún estacionamiento al aire libre.

Hay una cola tremenda. Sacas una libreta para anotar algo que se te ocurrió y que no deseas que se te olvide. Justo cuando la punta del bolígrafo toca el papel, el tráfico avanza y tú te quedas sin poder anotar nada.

Justo cuando el mecánico se sienta a tu lado, el carro no hace el maldito ruido que te ha atormentado durante semanas.

La persona del público que toma el micrófono y dice: «yo en lugar de una pregunta, tengo una reflexión», y se manda un discurso de media hora.

El banco que tiene catorce taquillas y sólo hay dos cajeros trabajando.

Todo está en silencio. Un niño comienza a llorar porque quiere que le compren un juguete. Los papás no le compran el puto juguete y el nene sigue llorando hasta que uno comienza a llorar también.