domingo, junio 27, 2010

30 PLACERES CONFESABLES 1) Me fascina leer acostado, en calzoncillos, a oscuras y con una linterna encendida.

2) Me gusta el café.

3) Me fascina ver películas viejas. En ellas el mundo era ingenuo y la gente creía que el futuro iba a ser mejor que su presente.

4) Me encantan esas horas en que el día y la noche coinciden durante muy pocos minutos y la luz adquiere un tono azul, como de pintura expresionista.

5) Me encanta manejar. Eso sí: sin colas ni gente atravesada ni semáforos ni perros abombados en las cunetas.

6) Me gustan la sopa de apio, los calamares en su tinta, los pepitos barquisimetanos, el maní japonés, los perros calientes de la 5ta avenida de Nueva York y la ensalada de carne que hace Anita Marczuk.

7) Después de hablar mal del prójimo, dibujar es, quizás, el placer más grande del mundo.

8) Me encantan las piscinas, las fuentes y los chorros artificiales de agua.

9) Me gustan los discos de Black Sabbath con Ronnie James Dio.

10) Escribir es un placer inconmensurable que sólo se compara con que te paguen por lo que escribes.

11) Me gusta ver That Metal Show.

12) Me gusta caminar ciudades que no conozco, meterme en metros de los que no sé nada y dormir en hoteles silenciosos.

13) Me fascina usar medias de colores. Es como llevar Rothkos o Pollocks en los pies.

14) Siento un placer indescriptible al hablar con mis alumnos, al discutir alguna obra (la última que discutimos fue Las nubes, de Aristófanes) u oír alguno de sus cuentos.

15) Me gusta el jazz contemporáneo. En especial el que hacen Ken Vandermark y Dennis González.

16) Me llena de júbilo hablar con mi hijo, ver Ben 10 Fuerza Alienígena con él y enseñarle los rudimentos de la ética a través de los Transformers. A propósito, querido lector: ¿qué eres tú: Autobot o Decepticón?

17) Es un honor sentarme con mis amigotes a decir barbaridades y a intercambiar reflexiones diabólicas sobre libros, discos, carros, mujeres, películas, viajes, comidas y cuadros… Joaquín propuso que fundáramos El Círculo Chesterton para dedicarnos a disertar sobre movimientos filosóficos y sobre las necedades que dicen y hacen los bebesotes inútiles de la farándula política venezolana.

18) Me encanta prepararle el café con leche a Mariana cada mañana. Ser el despertador de alguien es una amorosa responsabilidad.

19) Gozo de aquí al infinito ensoñando barbaridades. Estoy parado en una esquina. Veo a una mujer hermosa y no pasan ni cinco segundos antes de que mi mente me vuelva Benny Hill y me imagine un inesperado ventarrón levantándole la falda a la chica. Ensoñar barbaridades es el comienzo de la literatura.

20) Aunque quisiera comprarme un megáfono para encenderlo y recitar a través de él un rosario de groserías, me conformo (y me gratifico) con poder decir «peo» y «coño» de vez en cuando.

21) Me sentiría feliz si algún día pudiera caerle a batazos a cuatro o cinco tigres de porcelana de tamaño real.

22) Me gusta ver beisbol de grandes ligas, fútbol inglés y fútbol español. Eso sí: no me interesan los juegos ni las estadísticas ni las agonías de los jugadores ni las cuitas de los equipos. Me interesa la belleza arquitectónica de los estadios.

23) Me place mucho estar solo.

24) Me siguen agradando los cactus, las tunas y los jardines xerófilos.

25) Me gusta comer pera y queso de mano (o guayanés) al mismo tiempo.

26) Me fascina ver Combate. Sí, la serie vieja de plomo y soldados con Vic Morrow y Rick Jason.

27) Me siento mejor con PC que con Mac.

28) Me complacen los aires acondicionados viejos (los splits son mucha bomba y poco chicle) y los ventiladores.

29) Me gusta leer el New Yorker y El Malpensante.

30) Me agrada hablar de cosas bonitas (y levantarme temprano).

viernes, junio 25, 2010

LOS VANOS FATALES
En los últimos tiempos nos hemos percatado del talento que tienen muchas personas para evaporarse detrás de una promesa. Los que se van, lo hacen diciéndonos que esto está muy mal, que aquí la vida es dura y que la felicidad queda en otra parte y en otro idioma, y que se van de aquí con dolor, obligados por los problemas y la angustia y la incertidumbre y el desastre. Uno les cree y los comprende, pero igual pega que se vayan.

Los amigos se van y dejan huecos donde hubo presencias. Uno camina por donde caminó, conversó, deliró, se rió o lloró con ellos y lo que nota es vacío, puro y triste vacío. Si no fuera por facebook o por gmail, uno sentiría que esos amigos se desintegraron o se fueron a vivir a Marte, junto al doctor Manhattan.

Cada quien tiene derecho a buscar su felicidad donde crea conveniente, pero ¿cómo es la vaina: la felicidad queda en otra parte donde se supone dada o la construimos cada día y luchamos por mantenerla sin importar donde estemos?

No sé. Este tema me pone de mal humor.

viernes, junio 18, 2010

LA VIDA ES COMO LOS CUADROS DE ERNST LUDWIG KIRCHNER LA VIDA SE PARECE A LAS PINTURAS DE ERNST LUDWIG KIRCHNER: A VECES ES AMARGA COMO EL AMARILLO O NARANJA COMO LA FELICIDAD O VERDE COMO EL VENENO O AZUL COMO LA RABIA O ROJA COMO LA SAVIA DE LA GENTE O MORADA COMO LA MUERTE O MARRÓN COMO EL CIELO DE LOS MUERTOS O NEGRA COMO LOS BIGOTES DE LOS GORDOS.
SÍ. LA VIDA SE PARECE A LAS PINTURAS DE ERNST LUDWIG KIRCHNER.

martes, junio 15, 2010

LEAN BIEN
«…La sabiduría, la experiencia y el exceso de conocimientos pueden resultar letales para el coraje. Son capaces de hipnotizarle a uno con la retórica y arrebatarle la capacidad de actuar. Sólo a los elegidos les es dado salir victoriosos de la pugna con el propio saber, y también con la imaginación que concibe negras visiones para advertir del peligro de actuar. Aquellos que lo consiguen se convierten en revolucionarios…

»Los viejos maestros no hacen revoluciones. Tienen la mente llena de enseñanzas teóricas; por eso realizan primero un cálculo para después, una vez que se han convencido de que, según la lógica, la estadística o la aritmética, el desastre es inevitable, desistir de toda acción.

»Quienes no tienen conocimientos no hacen cálculos, pues son incapaces de ello, como tampoco son capaces de prever todas las consecuencias de sus actos. A menudo su proceder va en contra de la lógica o del sentido común, pero no por interés, sino porque el instinto se lo dicta, sin que ellos mismos puedan entenderlo muchas veces. Llevan a cabo acciones cuya dimensión ni siquiera alcanzan a comprender. Ponen en marcha revoluciones, sin saber que no estaban destinadas a tener éxito. Se lanzan a la batalla teniendo perfectamente claro contra qué luchan, pero no el objeto de esa lucha. Por lo general suelen vencer debido a que el oponente, guiado por las leyes de la lógica, depone las armas y desaparece, asustado y sorprendido por la absurda temeridad de tal revolución…».

Wojciech Jagielski: Una oración por la lluvia; Debate; Barcelona, 2008, Págs. 26-27.

jueves, junio 10, 2010

EL ACCIDENTADO DESPERTAR DE UN CUENTO ERÓTICO Reinaldo está de visita en casa de sus suegros. Cuando se encuentra en el cénit del obligado solaz, lo llaman de la redacción de una revista para pedirle un cuento erótico. Reinaldo se pone en movimiento. Ese tema no es su fuerte. Según él es un asunto sobre el que es difícil escribir algo que no suene a lugar común, pero aún así lo intenta. Comienza a escribir algo sobre una negra tan hermosa y de piel tan perfecta que si te le acercas, te ves reflejado en ella, como si fuera un espejo oscuro. Reinaldo escribe, borra, suda. Cuando cree que da con el tono adecuado para contar cómo era el culo de la negra, su suegro entra en la sala, enciende el televisor y sintoniza CNN.

Reinaldo suspira; mira el techo; se levanta de la silla, va a la cocina y se sirve un vaso de agua del tamaño de la represa de Asuán. Su suegro apaga el aparato y abandona la habitación. El escritor regresa a su puesto. Da vueltas, se estira, se dobla y se sienta; comienza a pensar en tonterías. A su cabeza llegan pensamientos estúpidos sobre el poco entusiasmo que despierta en él la pornografía. Primero recuerda que pocos días atrás, adquirió una Playboy para leer un cuento de Ethan Coen y no para verle las tetas a la señorita mayo. Luego reflexiona y se da cuenta de que ha pasado de ser un entusiasta de las películas pornos a ser un cazador de esos momentos únicos e irrepetibles en los que un blanqueo de ojos, un jadeo o un algo extraño y que parece salido del alma de una actriz o de un actor porno, delata la brevísima sinceridad de un placer no ensayado ni coreografiado ni editado ni fingido. Reinaldo promete guardar en su memoria externa esos escasos segundos de pornografía sincera donde los que tiran ante las cámaras, gozan de verdad.

Reinaldo respira profundo; piensa que está perdiendo su tiempo pensando pendejadas; pone sus manos en el teclado; mira la pantalla; se queda así unos segundos y comienza a escribir. Otra vez tiene en frente a la negra hermosa en cuya piel bruñida se refleja la gente. Él mismo se refleja entre sus tetas; se ríe; comienza a escribir una línea feliz, pero llega su suegro y sintoniza CNN otra vez.

Reinaldo se levanta; pasa por la cocina; no quiere más agua; camina hasta que llega al jardín; huele las flores; observa un camino de hormigas; vuelve a la cocina; agarra un paquete de Óreo; lo abre y se come las galletas, mientras, a lo lejos, escucha las noticias. Su suegro sigue en el estudio y si no fuera porque la negra brillante mide dos metros, se le borraría de la cabeza en ese mismo instante.

Las hormigas siguen moviéndose en fila. Algunas llevan hojas, otras llevan pequeños granos. Reinaldo las mira y piensa que podría darle un giro a su cuento. La negra hermosa, brillante y perfecta tiene algo siniestro: quien se refleje en ella, ve su propia muerte o se muere al instante. La negra es una criatura sexual mitológica... De pronto, Reinaldo se da cuenta de que el silencio reina en la casa; hace el amago de irse al estudio, pero un relámpago de sensatez le dice que no vale la pena porque su suegro volverá a interrumpirlo. Así que decide apelar por el bolígrafo que siempre lleva en el pantalón. Sólo necesita una servilleta. Sí. Una servilleta le bastará para esbozar el cuento.

Mientras camina hacia la cocina, piensa que «Ébano mitológico» puede ser un estupendo título para la historia de su criatura bella y mortífera que mata sin querer a quienes se le acercan... Su cabeza trabaja sola y piensa en nombres de personajes, en plantaciones de azúcar o de algodón, en las hormigas del bosque, en las tetas de su negra y ya sonreía feliz porque tenía algo muy bueno entre manos, cuando se tropieza con su suegro que le dice:
—Chico, ¿tú no has probado el quesillo que hizo Manuela? Deberías probarlo, vale.

Y ahí rueda muerta y dolida la imaginación erótica de Reinaldo.