miércoles, diciembre 15, 2010

LO ADVERTIMOS

Llevo años advirtiendo que esto iba a pasar. Muy poca gente se tomó en serio mi prédica. Más de una vez dijeron que estaba loco, que pecaba de exagerado y de alarmista... «Tranquilo, bróder, que no pasa nada. Fraterniza, habla de otras cosas, espera las elecciones. Recuerda que la democracia es la democracia y este país es este país y blablabla...». Ahora que asistimos a la debacle casi absoluta, a la destrucción del mundo que conocimos, oiremos a un montón de idiotas diciendo que esto nunca se lo habían imaginado, que esto los agarró por sorpresa y que hay que quedarse tranquilos para no romper el orden que, para colmo, es el orden de la navidad.

La debacle llegó y seguramente hará que más de uno de esos preclaros imbéciles se pregunte si no era cierto que había que detener esta locura hace años. Pero el mal está hecho. La necedad, la flojera, la comodidad, la estupidez disfrazada de inteligencia, la cobardía vestida de mesura nos han traído hasta aquí, hasta las puertas de la brutalidad absoluta y, a menos que actuemos con energía, ésta será muy larga y empobrecedora.

Sea como sea, debemos seguir adelante, no perder el ánimo ni la intención de disolver este siniestro y constante ataque a la civilidad y a la vida normal. Hay que sacar fuerzas de donde no se tienen, hablar con el prójimo y conminarlo a que cambie la estulticia por la luz y las ganas de pelear.

Sépanlo: si nos quedamos así, anestesiados e idiotizados por la parálisis, esperando cantos de sirenas, lo perderemos todo, incluida la república.