viernes, diciembre 10, 2010

ELOGIO DEL CARRITO DEL SUPERMERCADO
Un carrito de supermercado queda bien en cualquier historia.

Guillermo Arriaga introdujo un carrito de supermercado en el guión de Amores Perros. El Chivo (el personaje más interesante de una película llena de personajes extraordinarios) lo llevaba por las calles del D.F. y lo llenaba de cuanta mugre encontrara en los basureros. No sé cuánto tiempo después, Cormac McCarthy publicó La carretera, ustedes saben, esa novela en la que un niño y su padre empujan un carrito de supermercado a lo largo de una tierra desolada y repleta de caníbales...

Hace ocho años se me ocurrió meter a una belleza en un carrito de supermercado. Estoy seguro que a ustedes también se les ha ocurrido alguna vez algo parecido. Sin embargo, en aquel momento se me ocurrió que la beldad debía aparecer en un escenario a bordo de un carrito de supermercado al que empujaba un mozo en calzoncillos.

Hoy quisiera repetir la experiencia. No sólo desearía volver a meter a una belleza en un carrito de supermercado, sino sentarme a imaginar algunas breves imágenes (que son semillas de historias) en las que aparezca uno de esos prácticos vehículos.

1) Un hombre va todos los días a un supermercado distinto; toma su carrito, recorre despacio los pasillos, escoge bien las cebollas y las papas que meterá en sus respectivas bolsas; pide carne, pide pescado; coge dos paquetes de azúcar, dos de arroz y uno de sal; escoge un trozo de queso guayanés... Y cuando el carrito está completamente lleno, lo estaciona al final de una de las largas filas que hace la gente para pagar su mercado. No obstante, a diferencia de los demás, el protagonista de nuestra historia, hace como que se le olvidó algo en algún rincón de la tienda y de manera subrepticia se larga de ahí, dejando su carrito abandonado y atravesado donde más molesta. Quién sabe si ésa sea su manera de vengarse de la liviandad del mundo contemporáneo o si este hombre realiza ese ejercicio diario para salir de su casa y pensar en sus cosas. Tal vez sea un escritor que algún día descubrió que el aire de los supermercados lo ayuda a salir de los atascos propios de su oficio.

2) Un hombre pasea a otro en un carrito de supermercado. El que va dentro de la cesta lleva una cámara de video con la que filma el desastre que se produjo en la explosión. El fuego hace que los edificios al final de la calle se vean rojos y que sus sombras bailen entre la gente que huye del lugar. El camarógrafo y su compañero lo graban todo mientras pasean entre el humo y los muertos. Ya vienen los bomberos y la policía. Las sirenas de sus vehículos suenan muy cerca.

3) La Gran Milena entra al escenario a bordo de un carrito de supermercado que empuja Joao el Payaso. Ambos forman un espectáculo indivisible: ella, con sus cuarenta y ocho centímetros de estatura, su sombrero blanco y sus pistolas; él, con su maquillaje blanco y sus zapatos verdes. Pronto el público presenciará el más grande espectáculo de puntería que haya visto jamás.