jueves, diciembre 23, 2010

COSAS QUE DETESTO
DEL ARTE CONTEMPORÁNEO VENEZOLANO
1) Que los museos de este país se hayan borrado a sí mismos del mapa de instituciones importantes en las que se crea, se investiga, se exhibe, se divulga y se aglutina a artistas, a críticos y a público verdaderamente interesado en el arte.

2) Que el arte ya no sea un espacio para discutir y dialogar y que se haya convertido en una cuestión decorativa o, peor, en una cuestión propagandística de un gobierno que rompe todos los records de feísmo.

3) Que en este país haya tantos artistas que no son de verdad artistas.

4) Que en Venezuela haya escuelas de arte (además de historia y tradición) y que, sin embargo, la imaginería del arte oficial sea digna de la última página del cuaderno de Física de un estudiante de Bachillerato.

5) Que el buen arte y los buenos artistas y los buenos galeristas y el buen público se hayan encerrado a sí mismos en un gueto muy bonito, pero gueto al fin, en Los Chorros.

6) Que haya tantos artistas venezolanos incapaces de discurrir sobre temas gruesos y producir obras en consecuencia. La frivolidad es una delicia, pero no hay que abusar de ella.

DE LA LITERATURA VENEZOLANA
1) La proliferación de bautizos de libros y de bebedores consuetudinarios de vino gratis en bautizos de libros.

2) La proliferación de novelas sobre políticos, presidentes y próceres patrios. Lo preocupante de esa situación es que demuestra que ingentes cantidades de venezolanos sólo tienen una cosa en la cabeza: Miraflores.

3) La proliferación de bukowskistas que acaban de descubrir a Bukowski y a Carver.

4) La proliferación de historias que hablan sobre escritores y de cuentos que hablan sobre otros cuentos. Un día de éstos les va a explotar el cerebro.

5) La proliferación de árbitros del «buen gusto literario».

6) La falta de lectores ajenos al circulito de lectores constituido, a su vez, por académicos, jueces del gusto, estudiantes de Letras, escritores, bebedores consuetudinarios de vino gratis, bukowskistas, carveristas, escritores que escriben cuentos que protagonizan otros escritores y escritores que escriben novelas sobre presidentes de la república.

7) La proliferación de autores que explotan situaciones «tiernas»... Cómprense un osito de peluche y abrácenlo.

DE LA MÚSICA VENEZOLANA
1) La sorda y desbordada admiración que mis coterráneos le prodigan a un joven director de orquesta que se ha convertido en el hombre-propaganda de un régimen y de una época.

2) La sorda y desbordada admiración que mis coterráneos (quienes no se destacan mucho que digamos por sus gustos musicales ni por sus afanes melómanos) le prodigan a ese joven-hombre-propaganda-director de orquesta.

3) La presencia desmesurada de flautas y flautistas en grupos, ensambles y demás... Pareciera como que Venezuela en realidad se llama «Hamelín»...

4) La idea de que hay que explotar porque sí, en cada pieza y en cada disco, toda la herencia multicultural de la música de nuestro país. Eso explica el patuque, los excesos y la no definición de estilos.

5) La dictadura del joropo, de la gaita, del galerón, de la balada romántica, del reguetón y de la música bailable.

6) La timidez a la hora de la composición y de la escogencia del repertorio. Por eso en muchos discos, en muchos conciertos o en muchos recitales espontáneos, salen a relucir los mismos temas de siempre: «Ansiedad», «Moliendo café», «Caballo viejo», «Cerro Ávila», «Alma llanera», «Concierto en la llanura»... ¿Hasta cuándo?

6,5) Obsérvese con atención que la timidez de muchos músicos venezolanos a la hora de escoger sus repertorios, se puede relacionar con la timidez de muchos escritores venezolanos a la hora de decidir sobre qué tratarán sus historias. Como tenemos un gran público menos interesado en la música y en la literatura que en su propia supervivencia, pues hay que ofrecerle obras que contengan ideas musicales o literarias predigeridas. Quizás eso explique la proliferación de anécdotas histórico-políticas en nuestros libros y de canciones más que rayadas en nuestros discos. Quizás sea hora de afirmar que en Venezuela los malos son los melómanos y no los músicos.

7) La invisibilidad (o inaudibilidad) en emisoras de radio, compañías disqueras y tiendas de discos, de las obras monumentales de Rodrigo Riera, Alirio Díaz y de tantos músicos venezolanos.

8 comentarios:

the goddamn devil dijo...

sencillamente de acuerdo con usted master, la cultura ha sido absorbida por los factores del poder y hecha una caricatura de si misma, solo quedo para que doñas encopetadas y con trago en la mano se le paren enfrente a decir "eso si esta cuchi mana"
y yo agregaria Detesto a los programa de television que permiten que jovenes ociosos salgan haciendo payasadas y les digan que tienen talento...
saludos

Ramiro Quain dijo...

Siendo uno de sus lectores más persistente, señor Roberto (¿le puedo decir señor Roberto, verdad?), dígame con sinceridad ¿qué es lo que espera usted de la cultura venezolana? Especialmente ¿qué espera de la literatura venezolana? ¿espera argumentos originales, espera que todos hayan leído a Bukowski y a Carver a los quince años, o que los escritores no se preocupen por temas políticos? Sí, el fashion literario es un mierda, los bautizos son una ridículez, los escritores que escriben sobre escritores son una ladilla, la proliferación de las novelas político-históricas dan dolor de bola, pero ¿cuando ha sido la literatura diferente? ¿Le ha dado a usted la literatura alguna razón para esperar algo? Si le ha dado alguna razón, entonces vuelva a leer y verá que no hay ninguna. Deje de preocuparse por la cultura, porque ella seguirá siendo la mierda que es.
En todo caso, habría que agregar un itém a los que usted expone : Me parten las pelotas los artistas que viven cuestionando el establishment cultural, no porque no digan verdades, sino porque ellos mismos son el establishment, y cuanto más lo cuestionan, más establishment son ("establishment song", podría ser un buen nombre para una canción, ¿no cree?).

La Mancha dijo...

Interesante lo que dice Ramiro Quain, pero disiento de él: en el lodazal de ignorancia y banalidad en el que estamos sumidos los post de Roberto son un bálsamo que cruzan fronteras porque la tontera aquí en España es idéntica. Alguien tiene que seguir sosteniendo, aunque sea con la tranquila iracundia de Roberto, la antorcha del sentido común. Y sí; sí ha habido tiempos de literaturas gozosas en Venezuela, basta leer "los mártires" de Fermí Toro; "El falso cuaderno de Narciso Espejo", de Meneses, "El crepúsculo del diablo", de Gallegos, "El catire", de Rufino Blanco Fombona y tantísimas cosas por las que vale la pena seguir leyendo, incluido "Los zamuros también tiene mala suerte", por cierto.
Abrazos, bróder!
Juan Carlos Chirinos

Dante dijo...

Un símbolo del estado del "arte" actual y politizado en Venezuela me parece la estatua de lo que parecen ser unos mineros. Está en pleno bulevar de Sabana Grande, cerca de plaza Venezuela. Es una escultura 2D, parece un recorte de cartón con trazos de marcador. Para mi humilde gusto de espectador transeúnte vulgar y corriente, la cosa es realmente fea. Resulta que al acercarme y tocarla me percato de que oh sorpresa, ¡la cosa es de metal! ¿Dónde ha llegado el arte cuando una supuesta escultura de metal parece un recorte de cartón con rayas de marcador?

ROBERTO ECHETO dijo...

Hola Juan Carlos, mil gracias por tu comentario. Mil gracias de verdad. Un gran abrazo.

Amigo Ramiro, por si no se ha dado cuenta, sepa Ud. que nuestro país vive una crisis muy severa cuyo núcleo no se encuentra en la economía ni en la política, sino en la imaginación. Sí. En Venezuela vivimos una desmesurada crisis imaginativa tanto en lo individual como en lo colectivo que se concreta en la imposibilidad de salir del peligroso marasmo en que nos encontramos.

Para enfrentar el proceso descivilizador a que estamos sometidos, debemos imaginar y trabajar a la vez para convertir eso que imaginamos en realidad.

Pero la imaginación venezolana está dormida o atenuada por un cretinismo galopante, por una comodidad y por un extraño temor que se manifiesta con claridad en todas las áreas de la vida, aparte, claro está, de en las artes.

Siempre he creído que las artes constituyen el laboratorio en el que las sociedades imaginan y prueban (a veces para bien, a veces para mal) sus ideas. Con o sin libertad, con o sin guerras, con catástrofes o sin catástrofes, en las artes siempre se han hecho, antes que en otros lugares, los experimentos y las preguntas que preconizan el futuro de las sociedades. Aquí en Venezuela, de un tiempo a esta parte, no. De un tiempo (que ya es largo) a esta parte, la imaginación ha cedido sus atribuciones y sus prerrogativas a la nada o, peor, a los sofistas que nunca faltan.

Aquí la imaginación está supeditada a miles de intereses y a cientos de tribulaciones. Por eso nuestra vida es una película repetida.

El que las artes estén como están, es sólo un síntoma de algo peor.

Así que Sr. Ramiro, su predicamento está muy bien y es muy respetable, pero de la originalidad o no originalidad de las ideas artísticas (Ud. se refería específicamente a las literarias) no es que estamos hablando.

Muchos saludos, muchas gracias por darle altura a este debate y feliz navidad.

Sr. Raúl, una plaga feísta se ha apoderado de todo en este país. Cuídese mucho.

Lena Yau dijo...

Firmo, Roberto.

Un abrazo.

Ontokita dijo...

El arte y la literatura de un país lo reflejan...en el caso venezolano da susto.
Como artista plástico, cada vez que visito a mi país me invitan a las comidillas "culturales"...me dan grima. Todo se queda en un grupete que vive una realidad que bien describiste, en donde la adulación y el divismo van de la mano. Prefiero quedarme afuera de los antros cotilleros y yoistas del país.
Tú lo has dicho falta más creatividad e imaginación y esa no se compra en boticas, nace de la reflexión de los creadores. sobran egos enanos y banalidades en la aldea llamada Venezuela. Y eso es una lástima

Anónimo dijo...

Maestro, sobre la música, que es lo mío: ya los puntos 1 y 2 los toqué en un incendiario artículo en www.panfletonegro.com Más vale que no... por poco no me crucificaron. Asunto riesgoso ese de pensar a contracorriente del vulgo ignorante.

Sobre el punto 3: ojalá todos esos flautistas se llevaran a todas estas ratas, pero por no quedar ya no quedan ni esperanzas.