lunes, noviembre 29, 2010

La lluvia salvaje y pertinaz cae sobre la tierra. El agua que azota los asfaltos, impide el afán de nuestras vidas pequeñas, mientras los árboles se ríen con sus pies hundidos en charcos que anegan los relojes muertos de los días.

El cielo lleva un sayo gris.

Las puertas del aire se abren a las oraciones que, entre gritos mojados, ponen a flotar los hombres.

La lluvia salvaje y pertinaz cae sobre la tierra. La normalidad se hunde. Las muñecas desaparecen entre las aguas. Los árboles se ríen.

Y nosotros crujimos.