lunes, noviembre 22, 2010

STRAVINSKY
No sé cómo, pero he vuelto con placer y felicidad a Stravinsky. El pájaro de fuego, Petrouchka, el Ebony Concerto, estaban ahí, en mi modesta discoteca, esperándome desde hace unos años para decirme que la música es una sola y que, donde menos te lo esperes, habrá una melodía, una frase, un ritmo, agazapado y presto a hacerse tuyo, a convertirse en motor de tu memoria musical y en rasero para medir cuanto entre por tus orejas.

La obra de Igor Stravinsky es una fuente inagotable de un tipo de belleza moderna, de formas que preludiaron muchas de las estructuras que forman parte de las artes y de las músicas de nuestra época.

Lo repito y lo repetiré: uno no debe alejarse de las fuentes de la belleza.

3 comentarios:

Nyna K. dijo...

Gracias por compartir estas maravillosas piezas.

Hace algunos días le decía a mis proyectos de bachilleres, que para ser modernos hay que inspirarse en los dinosaurios (como le dicen ellos a todo lo anterior al año 2000).

Esta es la mejor muestra.

Borenmeiker dijo...

Hay que poner un pie (o una muleta) adelante y otro (u otra) atrás. Así se construye el presente.

LMB dijo...

Escucho... y puedo ver a Rodrigo con los ojos enormes, cercano a la música que escucha su papá. Una parte de su cuerpo responde rítmicamente, mientras la música —como siempre— hace su trabajo en ese huequito etéreo que es el alma. ¿Quién no sucumbe rítmicamente a Stravinsky? En su música, si no hay pájaros, uno los sueña.

Abrazo, Roberto querido

Laura