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| Escultura de Olaf Holzapel |
Un día, R fue a un restaurante italiano y el servicio fue tan malo que decidió robarse una cucharilla.
El cubierto estuvo décadas en su casa, pero un día la esposa de R decidió cambiar la vajilla.
Al ver el movimiento de gavetas, R decidió devolver la cucharilla. Así que se puso su chaqueta de cuadros y se fue hasta el restaurante italiano que, milagrosamente, aún existía.
R pidió una sopa de cebolla y tardaron tanto en tráersela, que la cucharilla regresó a su casa con una hermanita.
—Mi amor, haz lo que quieras con la vajilla vieja, pero estas dos cucharas no me las toques.
—Mi amor, haz lo que quieras con la vajilla vieja, pero estas dos cucharas no me las toques.
Y así termina esta historia en la que un hombre de espíritu volátil usó la cleptomanía para vengarse de un mundo mediocre y hostil.

2 comentarios:
Genial Roberto.
Dramático, muy dramático.
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