jueves, septiembre 16, 2010

LOS SOÑADORES
Hay gente que no tiene sueños en la vida, pero asume como propios los sueños de otros. Con las personas así hay que tener cuidado, no sea que un día descubran que el sueño ajeno al que se aferraban era una farsa.

Hay gente que tiene sueños en la vida, pero carece de todo cuanto hace falta para hacerlos realidad, valga decir entereza, constancia, paciencia y una armadura moral para lidiar con la ristra de fracasos que acompañan a toda empresa útil y ambiciosa. Los soñadores rebasados por sus sueños suelen ser unos fracasados.

Hay gente que no duda en llevarse por delante a cuantos haga falta para hacer sus sueños realidad. A esos sembradores de pesadillas hay que despertarlos de su siesta diabólica.

Hay gente seria que sólo sueña cosas serias. A ésos la vida les tiene destinada una ingente cantidad de Preparación H.

Hay gente seria que sueña con cosas serias y a pesar de todo, nada les impide soñar de vez en cuando con una pista de carritos Hot Wheels y una botella de vodka.

Hay gente que dice que sólo sueña en blanco y negro. Nadie puede saber si esas personas dicen la verdad o si tratan de hacerse las interesantes.

Hay gente que vive soñando y le da lo mismo estar dormida que despierta. Las personas así suelen desarrollarse profesionalmente en garitas, alcabalas, camiones, bancos, autobuses, ministerios y discotecas de todo el orbe.

Hay panaderos que son soñadores de semanas sin domingos.

Hay gente que sueña con números aunque no haya abierto el Álgebra de Baldor ni una sola vez en su vida.

No estoy de acuerdo con quienes dicen que la literatura es un sueño dirigido. En mi modesta opinión, los productos de la literatura son simulaciones de sueños, meros remedos que en ocasiones son extraordinarios y que les sirven a las personas para distraer sus mentes ávidas de información y entretenimiento.

La literatura es un sueño traducido a palabras, corregido, editado, empaquetado y listo para ser consumido por alguien que necesita soñar despierto.

El cine es un sueño simulado con imágenes producidas, editadas y empaquetadas en máquinas cada vez más precisas. Quienes manejan tales artefactos son soñadores que cobran por ofrecerle a la humanidad un catálogo interminable de sueños llenos de explosiones y hombres en mallas colgados de cables elásticos.

Quienes sueñan con música, sepan que están cerca de la beatitud. Aunque sería bueno revisar esta cláusula… Si en sus sueños abunda el reguetón, quizás Ud. se encuentre al borde de una crisis nerviosa o esté pasando demasiado tiempo con eso que las mamás de antes llamaban «malas juntas».

Los sueños tienen su banda sonora natural hecha de cuescos y ronquidos. Eso es igual aquí y en Australia.

Hay gente que necesita que le den permiso para soñar. Por cierto: hay un vínculo extraño entre necesitar esa autorización y el miedo a hacer el ridículo.

Los surrealistas y el psicoanálisis acapararon el diseño de cualquier discurso que hable sobre los sueños. Hay que acabar con ese monopolio. Hay que soñar con oficinas vacías donde no haya ni un solo ser humano disfrazado de tigre.

Dios quiera que algún día inventen sueños comprimidos en pastillas de 20 miligramos que uno pueda ir a comprar a Farmaborenmaker. Veo estanterías completas divididas por géneros oníricos… Imagino pastillas con sueños románticos, con sueños cómicos y de acción. Supongo que habrá un anaquel con sueños húmedos. No creo, eso sí, que alguien compre sueños trágicos ni apocalípticos. Aunque nunca falta un loco.

Si tienen alguna duda, consíganse un ejemplar de La vida es sueño o cómprense un Orbitrek.