jueves, septiembre 02, 2010

IMÁGENES QUE SE REPITEN
Me gusta escribir sobre temas extraños y preguntarme sobre asuntos que no le interesan a nadie.

No sé por qué, pero ése es mi sino.

La semana pasada leía Las tres hermanas, una de las magníficas obras de teatro de Anton Chejov, y en una de sus páginas encontré una imagen que me dejó cavilando. La imagen en cuestión es la de Vasili Vasílievich Solioni, un personaje que vive lavándose las manos con perfume. Hacia el final de la obra, Solioni mata a otro personaje en un duelo a pistolas. En ese momento entiendes la razón de ser de las manos perfumadas: Solioni llevaba en su cuenta más de un muerto y las manos le olían a difunto.

Al leer ese pasaje, me vino a la memoria la aterradora escena en que Lady Macbeth se levanta dormida de su cama y comienza a restregarse las manos debajo de un chorro de agua imaginaria para quitarse las infinitas máculas de sangre que lleva consigo.

También recordé un cuento de Paco Ignacio Taibo II titulado «Los maravillosos olores de la vida». En sus páginas aparece Marcial, un policía corrupto y de malos modales que vive obsesionado porque las manos le huelen a muerto. Marcial se da friegas con perfume, jabón y cloro; se rocía gasolina, se quema... Hasta que, al final, en medio de la desesperación, toma un machete y se corta de un tajo la mano izquierda.

¿Habrá leído Taibo II a Shakespeare y a Chejov? Seguro que sí. Aunque nunca podremos asegurar que su detective le fuera inspirado sólo por Lady Macbeth y por Solioni, es evidente que Marcial pertenece a esa línea de personajes cuya conciencia se les manifiesta a través de un deseo desmesurado de pulcritud.

Lo que me llama la atención de este trío de asesinos irredentos y manisucios es que los tres intentan lavar sus faltas y acallar sus conciencias con agua y perfume. Y lo peor es que, a pesar de las abluciones, siguen sin poder salir de su mundo de asesinatos ni dejar de esparcir la muerte doquiera que pasan. Ninguno de los tres finaliza bien. Lady Macbeth enloquece y muere. Solioni acaba solo y sin el amor de Irina. Marcial termina manco y muerto. Guardando las distancias y haciendo un uso laxo del término, los tres son personajes trágicos y, cada vez que aparecen en escena, representan la imposibilidad que tiene todo ser humano de quitarse fácilmente de encima una culpa. Por esa razón no los olvidamos y cada uno se enlaza con los otros, a través de las páginas, de los años, de los idiomas y de las culturas.

En nuestra memoria de lectores, estos tres personajes son uno.

Hay ideas que flotan solas en la corriente silenciosa de los siglos y que se manifiestan de libro en libro y de generación en generación porque viajan a través de símbolos y de tópicos que están en lo más hondo de la humanidad.

Por eso siempre veremos la repetición de ciertos elementos en las historias más disímiles. En los libros de aquí, de allá, de antes, de ahora o del futuro, leeremos historias sobre paraísos terrenales, fuentes de la eterna juventud, resurrecciones, hombres invisibles, soldados gloriosos, hombres nacidos de vírgenes perfectas, muertes enamoradas, hombres trocados en bestias, ángeles caídos, amores imposibles...

De manera que el agua (perfumada o no) siempre servirá para purificar las almas que lo requieran en las letras de cualquier época.

Este oficio, entre muchas cosas, supone un diálogo entre presente y pasado, entre ideas con fecha de caducidad e ideas que funcionan en cualquier tiempo y lugar. Quien escribe nunca está solo. Detrás y al lado de cada autor están todas las bibliotecas, todos los símbolos y todos los autores, esperando el enlace que conectará a una obra con otra para construir eso que llamamos literatura.