domingo, agosto 29, 2010

No me gusta dar consejos. La gente debe aprender por sí misma a no ser idiota. No obstante, me atrevo a decirles a quienes quieran oírme, que no está bien abandonar a los lectores normales (a la gente común que abunda en todas partes) para hacerle cosquillas a unos cuantos académicos o a unos cuantos críticos o a unos cuantos repartidores de becas o a unos cuantos editores o a unos cuantos tomadores de vino gratis.

Los árbitros del gusto sobran y no hay que hacerles caso.

Los escritores no deberían abandonar a sus lectores ni abandonarse a sí mismos para ir detrás de nadie que los bendiga o los unja o les dé permiso para escribir sobre esto o aquello. Cada escritor debe seguir su propio camino y tratar de enamorar a la mayor cantidad de lectores que sea posible. Si lo logra, bien. Si no, no pasa nada. Fracasar no es un delito.