jueves, julio 15, 2010

UNA AUTÉNTICA BELLEZA Toy Story 3 merece el Óscar a la Mejor Película (y no sólo a la Mejor Película Animada) porque:

1) Los juguetes hablan con naturalidad sobre la ausencia de algunos de sus compañeros. Quien diga que la literatura y el cine para niños son pura ternura, se equivoca. Disney, los Hermanos Grimm, Charles Perrault y James Matthew Barrie son expertos en hablarles a los niños de la finitud de la vida y de que lo que verdaderamente importa está más cerca del amor que de la muerte.

2) Enseña filosofía sin contemplaciones. La historia de Toy Story 3 nos hace preguntarnos sobre la fugacidad de la vida. Los seres humanos crecemos y evolucionamos. No cambiar supone la muerte o (peor aún) el ridículo. Woody, Buzz Lightyear, Jessie La Vaquerita y sus amigos saben que la vida no corre en retroceso, que el tiempo no se detiene y que su misión junto a Andy ya terminó. Lo curioso es que los juguetes «viven» un tiempo distinto, un tiempo que es de ellos y que sólo se detiene si un accidente los destruye. Sea como sea, la película refuerza la idea de que la vida es una maravillosa y frágil excepción.

3) Sorprende. Antes de ver la película tú te preguntas si los tipos de Pixar serán capaces de sorprenderte otra vez. Permítanme decirles que no sólo son capaces de hacerlo, sino que lo dejan a uno boquiabierto, llorando y riendo a la vez. El secreto de esta maravilla radica en que los personajes están tan bien dibujados desde un principio, que con sólo respetar sus características físicas, morales y psicológicas, los escritores tienen material para inventar cuantas historias hagan falta.

4) La escena en la que Andy entrega sus juguetes es una de las más bellas que ha producido Disney en años. El muchacho entrega, a alguien que lo merece, aquello con lo que ha sido feliz. Así quisiéramos hacer todos con la experiencia que vamos recopilando a lo largo de nuestras vidas. Todos quisiéramos entregarle eso que en la película tiene forma de juguetes, a alguien que lo merezca, que lo disfrute, que le saque provecho y que sea capaz de entregárselo a otros más adelante. Sin demasiados retruécanos, Toy Story 3 habla sobre cómo se transmite la cultura de generación en generación y sobre cómo todo ser humano tiene un compromiso ineludible con la vida y con los que vendrán.

5) Ver a Buzz Lightyear bailando flamenco no tiene límites ni precio.

6) La escena en el basurero es extraordinaria. Esa rendición de los juguetes ante el fuego y la muerte es otro de los momentos más grandes que he visto en el cine en mucho tiempo. Los muñecos se toman de las manos para achicharrarse juntos, como juntos estuvieron en los momentos felices. Si ésa no es una metáfora de lo que significa la familia, entonces díganme ustedes qué es.

7) En lugar de pagar un curso o una charla sobre Liderazgo para Gerentes Gerenciales, los gerentes gerenciales deberían ver las tres Toy Stories seguidas y analizar a Woody. Woody con su sombrerito, su cara sonriente y su cuerpo de trapo, no manda a nadie a hacer nada que no esté dispuesto a hacer él mismo. Contrástese con Lotso, el osito maléfico, o con Apestoso Pete, quienes no dudan en mentir y maltratar a los demás juguetes con tal de conseguir lo que ellos quieren. Un buen líder manda a su gente a cargar cajas, cargando cajas él mismo.

8) La caracterización de los nuevos personajes es simplemente extraordinaria. Basta con ver el ojito apagado (y siniestro) de Bebote, la sonrisa traumatizada del payaso que se escapó de Sunnyside y, por supuesto, la conducta barroca y sobreactuada del Ken metrosexual.

9) Toda la maquinaria que está por detrás de la película es tan perfecta, que uno se olvida de que la vio en una pantalla.