viernes, julio 02, 2010

BITÁCORA DE LECTURAS ¿Qué lees en estos días?
Una oración por la lluvia
, de Wojciech Jagielski, un largo reportaje sobre Afganistán.

¿Te interesa ese tema?
Me interesa la escritura de crónicas y reportajes y, gracias a ese libro, me he ido enganchando con las historias de ese país. Se trata de un tema tan complejo que, a veces, te da la sensación de que el reportero habla sobre otro planeta.

¿Tienes alguna historia que puedas compartir con nosotros?
El mullah Omar, jefe de los talibanes, mandó a colocar cientos de cauchos en el techo de su palacio. Cientos de cauchos alternados con cientos de kilos de tierra para que los cohetes y las bombas de sus enemigos «rebotaran» y explotasen en el aire. Esa anécdota es representativa del drama y del delirio que vive ese país desde hace siglos.

¿Qué has aprendido con la lectura de este libro?
Lo primero que se me viene a la cabeza es una idea difícil de aceptar en su justa dimensión: no todo el mundo vive una vida ideal ni en condiciones fáciles ni glamurosas. Muy al contrario de lo que creemos, la asepsia, la felicidad tralalalá y el glamur son situaciones excepcionales que deberían ser mejor aprovechadas por quienes tienen la suerte de disfrutarlas.

¿Y qué has aprendido sobre la escritura de crónicas y reportajes a partir de la lectura de Una oración por la lluvia?
Para escribir sobre gente real con historias y dramas reales, hay que hacer el ejercicio espiritual de vaciarse, de dejar de ser lo que uno es y de pensar en lo que uno piensa, para acercarse al otro, oír sus cuentos y ser capaz de volverlos a contar sin contaminarlos con tonterías. Suena fácil, pero debe ser difícil borrarse uno mismo y convertirse en el narrador de un relato real protagonizado por personas a quienes apenas conoces.

Entiendo que te atraen la crónica y el reportaje porque te permiten observar fenómenos políticos, sociales, culturales y demás…
Me atraen por eso y porque son géneros que se adaptan a lo que quieras o puedas hacer. Puedes ser exhaustivo y recabar información para contar un fenómeno desde múltiples perspectivas o puedes tomar un elemento y utilizarlo como una muestra en la que se concentra toda la complejidad de uno de esos procesos que moldean las vidas de los hombres. El libro de Wojciech Jagielski es magistral en cuanto a que pone de bulto la importancia del reportero como recolector de datos, como testigo de situaciones difíciles de explicar y como indagador de la vida y de las decisiones de ciertos personajes que tienen en sus manos el poder de trazar destinos. También es revelador de las herramientas que usa un cronista para contar sus relatos.

¿Puedes hablarnos de esas herramientas?
La caja de herramientas de todos los escritores es muy parecida. Sin embargo, a diferencia de un escritor de cuentos y novelas tradicionales, un cronista aprende a utilizar un tipo de narrador enunciativo que le permite contar hechos y situaciones de una manera rápida y punzante, capaz de dibujar en dos o tres trazos un paisaje o una batalla. Otra de las claves de la crónica se centra en la necesidad que tiene el cronista de contar un acontecimiento y tomar inmediatamente distancia de eso que acaba de contar. Sólo quien sabe utilizar el paradigma de los tiempos verbales, puede pasar del relato a la reflexión sin ver cómo se resquebraja su trabajo de escritura.

¿La crónica se ha puesto de moda? ¿Qué piensas al respecto?
Si se puso de moda, no me quejo. Me parece perfecto. El mundo está tan raro, que hace falta que mucha gente se dedique a tratar de averiguar los porqués de las cosas. Sólo le pido a los cultores de la crónica que tengan en cuenta que la realidad va más allá de lo que cada quien cree que es real.

UNA PERLA:

«…Puede parecer extraño que Afganistán haya dado tal cantidad de fervorosos revolucionarios, pero ¿dónde habrían de nacer los insurrectos, los reformistas, lo conspiradores y los terroristas sino en los países más pobres, continuamente perjudicados e invadidos, organizados y gobernados del modo más injusto? Sin embargo las revoluciones no nacen de la pobreza o del hambre, ni siquiera de las mayores injusticias: nacen del desencanto. Las llevan a cabo personas a las que se les ha permitido dar uno o dos pasos, se les ha permitido tener esperanzas, y después han sido obligadas brutalmente a dar marcha atrás. Afganistán ha generado una infinidad de revolucionarios. Quizá precisamente esa abundancia se haya convertido en su pesadilla…».

Wojciech Jagielski: Una oración por la lluvia; Debate; Barcelona, 2008, Pág. 71.

Esto no es una autoentrevista. Soy yo, hablando solo sobre un libro que leo con fascinación en estos días. Muchas gracias.