martes, julio 20, 2010

ANTE EL MAL Y LA ADVERSIDAD Yo no sé qué hicieron o dejaron de hacer Herman Sifontes, Juan Carlos Carvallo, Miguel Osío y Ernesto Rangel para estar detenidos. En este país raro y gobernado a dentelladas, las reglas son volátiles y lo que es legal en la mañana se vuelve ilegal en la tarde. Así que quién sabe dónde estuvo el error trágico de estos señores que los convirtió en depositarios de la culpa de todo el horror económico que padecemos, en chivos expiatorios que Neo Boves usa para decir que él y sus ministros no tienen nada que ver con el constante y grotesco aumento de los precios de todo en esta república morisquetera.

Yo no sé qué hicieron o dejaron de hacer los directivos de Econoinvest, pero igual los apoyo; me solidarizo con ellos, condeno con todas mis fuerzas que estén encerrados. No me importa la naturaleza de su error trágico, ése que ahora le permite al aparato de propaganda de Neo Boves exhibirlos como trofeos de una supuesta cruzada contra la especulación y la usura, como si los caballeros presos y la organización que presidían hubieran tenido el poder suficiente para mover a su antojo el curso de las cifras ligadas al dólar y a la inflación.

Por otro lado, quisiera expresar mi preocupación ante el limbo en el que ha caído el proyecto de la Fundación para la Cultura Urbana. He aquí otra prueba que la esfinge les pone a los artistas y a los intelectuales. Hace años el destino puso a tan eméritos personajes en el disparadero de tener que defender sus museos de la nada y la barbarie. Con el afán acomodaticio (y la adicción a la comodidad) que caracteriza a muchos de los miembros de este gremio, tales instituciones quedaron en manos de unos perversos que no han hecho más que desmantelar lo que antes funcionaba. ¿Vamos a dejar que pase lo mismo con la Fundación para la Cultura Urbana? Yo nada más pregunto. Si sólo éramos entusiastas de ese proyecto cuando todo iba bien, entonces no somos más que unos farsantes.

Por lo pronto me alegra que alguien con mil dedos de frente se haya preocupado por no dejar al alcance de manos tóxicas la colección de fotografías de la Fundación para la Cultura Urbana. Los malos mestureros creyeron que mostrando el video donde aparecían los trabajadores embalando cuadros y sacando obras de las sedes del Grupo de Empresas Econoinvest, nos desmoralizarían. Se equivocan. Muchos respiramos tranquilos porque sabemos que un patrimonio de incalculable valor está a salvo del veneno triste que condena la belleza a la nada.

Vivimos en la boca de una loba enferma. Si queremos salir de ahí, debemos recuperar la fe en nosotros mismos, dejar la estupidez y llamar al miedo por su nombre porque, de lo contrario, la cobardía se confundirá con la comodidad y terminaremos en un país ajeno, rogando por un trabajo que nadie nos querrá dar.

Los eufemismos de la tibieza hacen tanto daño como el silencio o la costumbre. Ésa es la lección de todo esto. No decir palabra acerca de esos amigos que apoyaron nuestros proyectos o decir palabras timoratas o elusivas acerca de una institución que promovió el análisis de los hechos urbanos, que creó un fondo envidiable de literatura, que propuso soluciones a los problemas de nuestras ciudades toscas, que trató de construir ciudadanía en un país que se borra a sí mismo, es una demostración de que nos merecemos cuanto nos pase por malagradecidos e indolentes, por no ser capaces de encontrar en nosotros mismos una gota de gallardía, de valor o de eso que hace falta para decir la verdad cuando sea oportuno.

Sabemos que la ligereza no tiene límites y que entre nosotros priva un extraño sentido de la lealtad, pero, por favor, tengamos un poco de recato y de valentía ante las adversidades.