viernes, junio 25, 2010

LOS VANOS FATALES
En los últimos tiempos nos hemos percatado del talento que tienen muchas personas para evaporarse detrás de una promesa. Los que se van, lo hacen diciéndonos que esto está muy mal, que aquí la vida es dura y que la felicidad queda en otra parte y en otro idioma, y que se van de aquí con dolor, obligados por los problemas y la angustia y la incertidumbre y el desastre. Uno les cree y los comprende, pero igual pega que se vayan.

Los amigos se van y dejan huecos donde hubo presencias. Uno camina por donde caminó, conversó, deliró, se rió o lloró con ellos y lo que nota es vacío, puro y triste vacío. Si no fuera por facebook o por gmail, uno sentiría que esos amigos se desintegraron o se fueron a vivir a Marte, junto al doctor Manhattan.

Cada quien tiene derecho a buscar su felicidad donde crea conveniente, pero ¿cómo es la vaina: la felicidad queda en otra parte donde se supone dada o la construimos cada día y luchamos por mantenerla sin importar donde estemos?

No sé. Este tema me pone de mal humor.